Todos tenemos un primer recuerdo de nuestra infancia. El mío (3-4 años), es ir en brazos de mamá a una guardería de la calle Princesa, (finales de 1939), donde me había apuntado para después irse a trabajar, (lavar ropa en diferentes casas, que había que frotar a mano sobre aquellas tablas de madera y con aquellos jabones duros y malos que le dejaban las manos enrojecidas y doloridas, pero no había otra para salir adelante sola y con tres hijas).
Papá había sido detenido como preso político en la terrible redada del puerto de Alicante en cuya cárcel, (donde murió Miguel Hernández), fue tristemente huésped durante algún tiempo y después en la de Orihuela. En otro momento hablaré de estos funestos años.
Volvemos a mi primer día de guardería y recuerdo que era un frío día de invierno, muy temprano y yo bien abrigadita, con mi gorro de lana y abrazada a mamá a la que imagino con una niña ya crecidita, en brazos todo el camino desde Quevedo a Princesa que era un buen trecho, el esfuerzo que representaría y así hasta que cumplí los cinco años y entré en el colegio al que iba con mis dos hermanas mayores. Qué duro tuvo que ser para mi madre aquella época. En alguna ocasión la pregunté por qué no me llevaba andando y me decía que cuando hacía buen tiempo sí, pero en los largos inviernos y a las 8 de la mañana con un frío tremendo, me daba calor llevándome en brazos. Recuerdo que aparte de ir forradita con jersey, polainas, abrigo y gorro hechos por ella, también me echaba por encima una mantita pequeña que conservaba de la cuna, en fin, una heroína de posguerra como miles más de madres de aquella época.
Cuando llegamos y vi que me tenía que quedar allí con aquellas desconocidas y que mamá me daba un beso para marcharse, armé una de campeonato llorando a grito pelado, !!mamá, mamá!!, y las "señoritas" sujetándome y mamá pasándolo fatal la pobre. Después me fui acostumbrando a estar con las otras niñas y jugando con cosas que no tenía en casa, pero de todas formas cuando llegaban mis hermanas a buscarme, yo las esperaba con impaciencia y feliz de volver a casa y estar con mamá de nuevo.
El otro recuerdo que tengo muy vivo, con unos cinco años, es el día que llegaron a buscarme más pronto de lo habitual porque, !!papá había vuelto a casa!!, y yo agarrada a las manos de las dos, saltando de alegría según me iban contando las cosas. Ese fue el último día de guardería...
Continuará...
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