jueves, 8 de agosto de 2013

IRINA

Hoy he tenido un encuentro de esos que recuerdas siempre.

En mi diario paseo matinal por el parque, hoy casi desierto porque hacía fresco, cruzaba el Manzanares por el puente plateado y vi a una chica joven con dos bastones, caminando con dificultad. Estaba a punto de bajar un escalón que apenas se ve y yo pensé que aparte de las piernas podía ser parcialmente ciega y me acerqué enseguida para avisarle.

Me dijo con una voz y un acento muy dulce, que no hablaba español y cuando le mencioné el inglés le dio mucha alegría. Era rusa de San Petersburgo y veía perfectamente pero me explicó que sufría de arterioesclerosis y que tenía asumido estar en una silla de ruedas en pocos años, pero que los médicos le habían dicho que cuanto más caminase aunque fuese con mucho esfuerzo, más tardaría en llegar la etapa de la silla.
                                                                                                               
Charlamos mucho. !!Viajaba sola!!, pero tenía amigos rusos en Madrid que vivían cerca del parque y a ella le gustaba sentirse independiente y autónoma y salir sin que la acompañasen.

Daba gloria de verla tan valiente y fuerte a pesar de la terrible enfermedad que hoy por hoy no tiene cura y va avanzando inexorable día a día, año por año, atacando todos los músculos de su cuerpo.

Muy alta, delgada, rubia con unos enormes ojos azules, dulce y encantadora y lo mejor de todo, con una ganas de vivir y disfrutar que te hacían pensar la poca importancia que damos a todo lo que tenemos, la salud, las piernas que a mí con 76 años me llevan deprisa y cómodamente a todas partes.

En fin, es injusto que una chica tan joven tenga algo tan serio e incurable, sabiendo además que el final no está muy lejos, pero ella lo vive con alegría y normalidad.

Me dijo que si le podía hacer una foto en ese bonito puente y otra a mí para llevarse el recuerdo a su tierra. Yo también le hice una con mi móvil.

En esas fotos dejó a un lado los bastones y estaba preciosa apoyada en la baranda del puente.

 Nos dimos un abrazo muy fuerte y nos deseamos suerte mutuamente.

                        Una beso Irina, que Dios te bendiga, te proteja y te conserve esa alegría y ganas de vivir.
                                                 
  La vida te da lecciones cada día para no quejarse por pequeñas cosas,  apreciar todo lo que tenemos y a lo que no solemos dar importancia.
                                                                                                           

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