Esta parte de mi memoria pensaba dejarla en el apartado de amnesis voluntaris pero, !qué narices!, forma parte de ésta que lo es y no hay que desperdiciar ni uno de mis recuerdos por si algún día se borrasen, (espero que no).
Bueno, queridos niños, de edad y los otros de espíritu, en tiempos de Matusa Len convivíamos con faunas de tamaños varios, estaba el ratón Pérez y toda su puñetera familia que vivían a dos palmos de nosotros bajo el suelo en nuestra micro casa con su intercambiador dominando todas las direcciones, (era fácil de observar por esa loseta un poco levantada allí y otra allá), pero su "work on progress" lo tenían en un punto detrás de la taza del water y cuando veíamos que rascaban acelerados y con entusiasmo a flor de pared, le pasábamos a papá el parte de guerra y la operación era la siguiente: romper ahí, (de momento salían corriendo por sus túneles subterráneos aunque sabíamos que volverían), y papá mezclaba yeso con cemento y cristales rotos y como si fuera el relleno de un pavo, allí iba todo bien apretadito para tratar de desmoralizarles al hacerse pupa en su trabajo de minería.
Durante unas semanas o meses como mucho, lo conseguíamos, aunque siempre era !!Volver a empezar!!, pero sin Oscar.
Luego estaban las cucas de diferentes especies y tamaños: aquellas que parecían grillos y las rubitas pequeñas, alargadas y con bigotes. Las combatíamos con todas las armas posibles, casi siempre con aquellos feos polvos amarillos y cuando una se iba a escapar, el que la visualizaba gritaba a la que estaba más cerca: !por ahí va, mátala!
En fin, safaris continuos, pero eran gajes del oficio con los que lidiar muchos días y que en una posguerra no eran los peores porque la falta de alimentos nutritivos, las cartillas de racionamiento con los cupones que te permitían ir sobreviviendo pero siempre con carencias básicas, etc., Esa era la lidia más difícil de sobrellevar
sobre todo para mamá que cada día tenía que hacer verdaderos milagros para salir adelante.
Se me olvidaba la fauna más común y molesta que eran los pipis, pero como ahora parece que se han puesto de moda de nuevo y envían cartas de los colegios, privados, públicos y mediopensionistas, para que los niños se laven el pelo con champú especial, ya no tiene interés el tema.
Los alimentos de los años 40 son curiosos de recordar y comentar. Pero eso es otra historia...

...bueno, bueno, estoy deseando que llegue el capítulo de la "fauna humana"...
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