miércoles, 31 de julio de 2013

De vajillas y programas de radio

La vajilla de la que hablaba en otro blog no duró mucho la pobre, bueno se salvó la sopera y un par de fuentes pero los platos, !hay los platos!, me los cargué una noche cuando íbamos a cenar y me ofrecí para trasladarlos, (menos de un metro de distancia), del armarito de cocina a la mesa.

Ese espacio llamado cocina era también cuarto de estar y por la noche dormitorio de mis hermanas mayores, vamos, multiusos y muy bien aprovechado. Bueno, a lo que íbamos, mamá cocinando, en el sofá-cama sentados mi hermana mayor Loli y su novio Bernar y mi otra hermana por ahí en algún punto de los 16 metros cuadrados, papá no había llegado aún de trabajar y yo, toda chula, en vez de coger la mitad de los platos que eran de loza pesada, me los cargué de una tacada y al darme la vuelta para ponerlos encima de la mesa, !!plaf!! todos al suelo.

!Qué susto! Cachitos por toda la cocina, yo llorando y Bernar que se partía de risa, me consolaba diciéndome: "cuñadica", no llores que no pasa nada", y mamá; "Ay, Afriquina, hay que hacer las cosas con más cuidado" y yo: "!mi vajilla de la radio, mi vajilla de la radio!.

Esa noche cenamos con platos variados, cada uno de su padre y de su madre. Luego mamá compró seis de Duralex, de aquellos transparentes y resistentes.

En este blog pensaba seguir con historias de la radio, pero es tarde y lo dejamos para otro día.
                                                                             
                                                                               

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