sábado, 6 de julio de 2013

Colegios del Estado

Los que ahora se llaman colegios públicos, en los años 40 de aquel otro siglo eran colegios del Estado, del Estado franquista claro y era la única ¿educación? que podíamos recibir los pobres, los hijos de obreros y los perdedores de la guerra civil. Luego estaban los otros, los privados, casi todos de curas y monjas, segregados por sexos y para niños bien, hijos de enchufados y salvapatrias, donde estudiaban bachillerato y preparación para la Universidad.

Los pseudo colegios del Estado eran de auténtica vergüenza ajena. Mis hermanas y yo fuimos al de la Plaza de Chamberí que estaba en el último piso del edificio de la Policía Municipal. Había un solo maestro para todo un montón de chicos de todas las edades y una sola maestra para chicas de todas las edades desde los 7 a los 14 años en una sola clase, los pequeños en las mesas de atrás haciendo palotes y sin aprender ni enterarnos de nada, mesas intermedias con edades más avanzadas, sólo las edades porque la enseñanza era de todo menos avanzada, y en la primera fila las de l3-l4 años, otro tanto de lo mismo. A los 14 y con una nula y penosa preparación, !a la calle!, a currar de lo que sea por unas cuantas pesetas o aprender costura con alguna modista. Nosotras tuvimos suerte y nuestros padres se preocuparon con mucho sacrificio de apuntarnos en lo que se llamaban "Academias de Cultura General", que una vez fuera del colegio te ayudaban a ampliar pequeños horizontes de conocimiento, mecanografía, taquigrafía, etc., y optar a conseguir trabajo en alguna oficina, !Y ESO ERA UN PRIVILEGIO!

!Ah!, también había una pequeña clase de párvulos que es donde yo entré a los 5 años. Su casi anciana maestra Doña Paca era muy cariñosa pero de enseñar, muy poquito la pobre. La de la clase de "totum revolotum", Doña Angelita, era muy del régimen y por lo tanto de armas tomar, aunque no me extraña sabiendo a lo que se tenía que enfrentar cada día. Eso sí, grandes crucifijos, vírgenes y dos enormes retratos de Franco y José Antonio a los que teníamos que cantar mano en alto en fechas señaladas. El mes de mayo era exclusivo para la Virgen y aún recuerdo la canción diaria; "Venid y vamos todos, con flores a María, con flores a porfía, que Madre nuestra es".

Sobre la educación, qué os voy a decir. Dos o tres libritos donde se reunían todos los temas, mates, (entonces aritmética), geografía y poco más y por supuesto religión, mucha religión y adoctrinamiento del régimen que había salvado a la patria y a los españoles.

Mis hermanas y yo tuvimos la fortuna de ser autodidactas y aun siendo muy diferentes unas de otras, tener inquietudes por saber, aprender, leer y no quedarnos en la limitada frontera que nos querían marcar, "cuanto menos sepa el rebaño, más fácil de conducirlo". A papá, que fue otro autodidacta venido de un pueblecito cuando era un crío y sin haber pisado apenas un colegio, le gustaba mucho leer, escribir, (tenía una preciosa letra), el arte y la cultura en general y sobre todo los acontecimientos y problemas sociales. Èl fue quien nos llevó por primera vez al Museo del Prado y también a ver una obra de teatro, "Don Juan Tenorio" en el Teatro Español. Mamá fue una estupenda madre que luchó y trabajó como una fiera para sacar a sus hijas adelante en la terrible posguerra, ella solita, cuando papá estaba en la cárcel como preso político, pero nunca tuvo inquietudes culturales. Se quedó sin madre a los 9 añitos y como era la mayor de cuatro hermanos dejó el colegio cuando apenas lo había comenzado, en su pequeño pueblo de la provincia de Burgos y tuvo que llevar ella la casa, las comidas, las ropas, en fin, muy triste, pero lo fue más aún cuando se casó de nuevo el padre y llegó la "madrastra de Blancanieves". Pero eso es otra historia...

                                                                                                                                                       

                                                                                                         

2 comentarios:

  1. Apasionante QK, si te leyera el señor Julián... Sabes lo que más me asombra, el olvido. A mi me parece que un país que no conserva su memoria histórica (aceptándola más allá de ideologías y sentimientos) es un país condenado a desaparecer. Recordar, con sangre fría y cariño, con la lucidez y la ternura que transmiten estas líneas, es un triple ejercicio de dignidad, libertad y conciencia. Y muy sano.

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  2. ...Claro que para recordar con esta alegría tuya, hay que tener la conciencia muy limpia o tener muy mala memoria.

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