En junio de 2005 me fui una semana a la Costa Brava y fue un recorrido bonito que terminó en Port Lligat, con lo cual completé los tres lugares Dalilianos que comencé el año anterior en Figueras y Púbol.
Primero Madrid-Girona para conocer esta ciudad que me encantó. Su casco antiguo, muy extenso y lleno de historia, su catedral e iglesias medievales, palacios, barrio judío con sus estrechas calles, el río Eynar, con las casas de colores distintos que se reflejan en el agua, sus abadías y jardines y los Baños Árabes con siglos de antigüedad y que pude visitar a mis anchas completamente sola. Era la hora de comer, hacía mucho calor y no se veía un alma por la calle.
Se me pasaron las horas sin sentir y llegué al hotel cansada pero feliz de todo lo visto y fotografiado. Todo el recorrido a pie y por muchas de sus calles empedradas con adoquines y guijarros se resienten los pies aunque lleves calzado cómodo, pero mereció la pena.
Es una ciudad realmente bella que hacía tiempo deseaba visitar.
A la mañana siguiente cogí el autobús que me llevó a Rosas donde me quedé un par de días. Qué lindo lugar y qué playa inmensa, limpia y cuidada. Su preciosa bahía en forma de gran concha y las montañas alrededor salpicadas de casas aquí y allá.
Su paseo marítimo interminable lo paseaba al caer la tarde después del bañito en la playa, comer y siesta. El agua limpia y transparente como el cristal. Una gozada.
También me hice un pequeño crucero de varias horas en un barco que va de Rosas al Cabo de Creus y vuelta y cómo lo disfruté. Me coloqué en la punta de proa donde no había nadie entre el mar y yo. Me quité las sandalias y a veces las olas me salpicaban los pies que llevaba colgando hacia afuera. Qué paisaje a mi izquierda, siempre cambiante cada vez que pasábamos un Cabo y aparecían pueblos pesqueros a lo lejos.
Por megafonía iban explicando los lugares por los que pasábamos, en varios idiomas para que nos enterásemos todos.
Al llegar al Cabo de Creus es impresionante ver cómo chocan las olas contra sus rocas y los cientos de gaviotas que tienen allí sus nidos. Y una experiencia muy especial fue una cueva que desde lejos parece pequeña, pero se va acercando el barco y crees que nos la van a enseñar para verla un poco más de cerca y resulta ¡¡que se mete el barco dentro!! y como yo estaba en primera fila, con la gente detrás, fue increíblemente emocionante ver cómo se abría paso casi rozando las paredes de la roca. La difícil maniobra la hacen muy despacio y con mucha precaución y luego da marcha atrás y vamos saliendo poco a poco.
Y yo, allí delante, como "un lobo de mar", feliz, feliz, feliz. Esas horas me dejaron un hermoso recuerdo y tengo fotos fantásticas.
La última noche en Rosas era la de San Juan y fue muy bonita con la enorme hoguera en la punta del espigón, que se reflejaba en el agua y a las doce los fuegos artificiales, también con su bello reflejo en el mar.
Después de esos casi tres días, cogí el autobús a Cadaqués. Un camino precioso pero con el inconveniente de las continuas y cerradas curvas hasta que llegas allí. Además es todo cuesta arriba por una estrecha carretera que preocupa un poco ver cómo vas casi al borde del "precipicio", en fin, es la única manera de alcanzar ese bellísimo pueblo.
Allí me quedé dos días. Lo conocí muchos años antes, cuando teníamos el restaurante en Puebla de Farnals y fuimos a una boda Carol, Gerry y yo y de nuevo hace un par de años, con Carol y los nietos en una semana de vacaciones a Barcelona, Figueras, Cadaqués y Port Lligat.
Cadaqués igual, como si no hubiera transcurrido el tiempo. Una preciosidad este lugar del Alto Ampurdán, colgado desde lo más alto de la iglesia de Santa María, hasta la pequeña playa y sus barcas meciéndose en el mar.
Desde allí puedes ir caminando hasta la casa de Dalí, junto a la playa de Port Lligat.Lugar mágico donde los haya y la mano del genio en cada espacio, cada blanquísimo patio, cada detalle donde se posen tus ojos.
Vas de sorpresa en sorpresa. Huecos inverosímiles para pasar de un patio a otro o abiertos al mar de tal manera y en lugares tan estratégicos y estudiados que parecen cuadros. Decoración, esculturas, fuentes y objetos surrealistas que no te esperas y junto a ellos otros románticos y dulces. Todo te sorprende, todo arte puro, ¡todo DALÍ! y también todo GALA.

En el suntuoso dormitorio, que tiene dos niveles, en la parte baja hay un gran espejo junto a un ventanal y Dalí lo puso orientado de manera que, desde su cama, viese amanecer a través del mismo.En fin, tratar de describir todo el arte, creatividad e imaginación que allí hay, es un reto imposible. Hay que ir a verlo tanto en Figueras, como el Castillo o la maravillosa casa de Port Lligat.
Lo que yo tanto disfruté en 2004 y 2005, luego lo hicieron Carol y los nietos. Y yo de volverlo a ver.
Siempre admiré la obra de Dalí, pero cuando visitas estos tres lugares, descubres realmente quién era este genio, no solo un gran pintor y creador, sino mucho, mucho más, con todas sus excentricidades y locuras, o quizás gracias a ellas.
Gracias, Salvador Dalí, por todo lo que nos has dejado.









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