viernes, 15 de abril de 2016

Roma II


El tercer día fue muy movido y bonito porque me recorrí media Roma en tranvía, metro y autobús.. Me saqué un ticket para coger cualquier medio de transporte durante todo el día y poder así trasladarme a todos los lugares que me puse en la lista que, por supuesto, incluían algunos de los más famosos de la película "Vacaciones en Roma".

Comencé por la Plaza de España. Me subí toda la escalinata hasta la antigua y bonita iglesia que hay arriba del todo. La visité y después bajé despacio recreándome en las vistas que tenía ante mis ojos y me senté en uno de los polletes, como hizo Audrey Hepburn, pero no apareció Gregory Peck, qué se le va a hacer.

Era temprano y no había demasiado turista. Allí cerca está la Fontana de Trevi y llegué paseando hasta ella. Qué bellísimas esculturas, qué gran y preciosa fuente, en aquella plaza rodeada de pequeños restaurantes y cafés.

Recordé también la escena de "La Dolcce Vita", con la exuberante Anita Edberg y "MI" Marcello Mastroianni. Pero ni era de noche, ni el lugar estaba lo que se dice desierto, sino a tope de turistas y también locales que se gritaban unos a otros, fotos y monedas al aire a tutiplén, en fin, me busqué un huequecito desde donde mirar y observar todo y al final un grupo de adolescentes me hizo la consabida foto tirando una moneda al agua de espaldas.

Desde allí y después de preguntar a un carabinieri, cogí un tranvía que me llevaría hasta la iglesia medieval de Santa María in Cosmedín donde está la "Bocca de la Veritá". La enorme máscara de mármol "pavonazzeto". La colocaron en el exterior de la iglesia en 1.632 y la leyenda dice que mordía la mano de aquel que mentía. Se hizo muy popular a partir de la divertida escena que allí sucede entre los protagonistas de la película y se forman colas para meter la mano en la gran boca y hacerse una foto. Yo tengo una, pero lo más bonito y que la mayoría de la gente se lo pierde, es entrar en aquella Basílica Menor de arquitectura
románica construida en el s.VI, llena de historia y siglos, recorrerla despacio y sentarse en uno de sus viejos bancos a contemplar pinturas del s.VIII al XII y según leo en wikipedia, el excepcionalmente bien conservado cierre del coro de la Alta Edad Media y el delicado pavimento cosmatesco. Lo recuerdo porque me fijé en ello.

También me llamó la atención nada más llegar, su precioso campanario, el más alto de Roma en su época.

Pasé por el majestuoso y blanquísimo Palacio de Víctor Manuel y la preciosa Piazza Navona. Qué maravilla de plaza, qué fuentes, esculturas de Bernini y edificios que la rodean. Es inmensa y cuando entras no te quieres marchar. Hay que verla y caminarla despacio, disfrutando de cada detalle donde se posan tus ojos. Ocupa el área del antiguo Circo de Domiciano. Cerca de esa zona comí un exquisito y generoso plato de espaguettis y después, antes de dejar la Piazza, me senté a descansar en una de sus terrazas y tomar un capuccino y tarta de queso riquísimos.

Allí se me pasó gran parte de la tarde y tuve que dejar para el siguiente y último día el Museo Capitolino y el Castel de Sant'Angelo.

El vuelo salía por la tarde y me dio tiempo a visitar estos dos importantes lugares que tenía en mi lista.

El Museo Capitolino se considera el principal de Roma y según leí en el libreto también el más antiguo del mundo. Es bellísimo desde que comienzas a subir esa escalera, diseñada y construída, al igual que las esculturas y edificios, por Miguel Ángel. También es la sede del Alcalde y Ayuntamiento de la ciudad. La escalinata, llamada "Cordonata", fue realizada según los planos que Miguel Ángel ideó para la entrada del Emperador Carlos V en 1.536.

Allí está la famosa loba con Rómulo y Remo y preciosas pinturas y esculturas de grandes maestros, "Amor y Psiquis", El Sátiro", Homero y Sócrates, la Venus Capitolina...  No pude ver más que una parte porque es enorme y me hubiera llevado todo el día, pero disfruté mucho las horas que le dediqué.

El Castillo de Sant'Angelo está junto al río Tíber y en una
zona muy bonita. Se construyó como mausoleo para el emperador Adriano en el s.II d.C. y según fueron pasando los siglos se convirtió en fortaleza con murallas para defender la orilla del río Tíber. En el s.X se transformó en castillo y pasó a manos de diferentes y poderosos señores de Roma, después a Papas que lo unieron al Vaticano por medio del "passetto", que era un pasaje de seguridad, según explica el libro.

Fue una visita cansada, pero muy interesante. Crucé el precioso puente sobre el Tíber que conduce al castillo y que tiene bellas esculturas de enormes ángeles a ambos lados.

Cuando entras vas subiendo por una larguísima rampa y pasas por patios con cosas muy curiosas y con muchos siglos de antigüedad como una gran ballesta, tan grande que la usaban para lanzar pesadísimas bolas de granito porque entonces no existían los cañones.

En el segundo piso llegas al patio de las prisiones o celdas, (muy lóbrego y triste), el tercero el Patio del Ángel, un enorme ángel de mármol muy bonito, luego el cuarto, llamado Patio de Alejandro VI, con un hermoso pozo de mármol y lo que más me gustó fue el pequeño y precioso baño de Clemente VII, al que se sube por una minúscula escalerita y que está muy bien conservado después de tantos siglos. El habitáculo tiene unos colores vivos y lindos en todo su entorno y también la bañera.

Estaban cerrados los aposentos papales, la Sala del Tesoro y la llamada "Cagliostra", que fue prisión del célebre alquimista Cagliostro.

Y por fin se llega a la quinta planta o piso terminal y merece la pena la subida porque tiene una gran terraza todo alrededor de las almenas con una vistas de Roma increíbles porque vas dando la vuelta y viendo las distintas partes de esta bella ciudad.

Se me quedaron pendientes muchos lugares como El Panteón, La Galería Borghese, San Juan de Letrán, Basílica de Santa María la Mayor, etc., pero será la próxima vez.

Después autobús al hotel, recoger la maleta y a la estación Términi y al Leonardo Exprés hasta el aeopuerto.

                                      Ciao, bella Roma.


martes, 12 de abril de 2016

"Vacaciones en Roma"


Fueron sólo cuatro días pero me dio tiempo a ver lo mejor de esta llamada Ciudad Eterna, que es maravillosa. Además, como soy una cinéfila empedernida, me desplacé a muchos de los lugares que Audrey Hepburn y Gregory Peck visitan y recorren en la Vespa, en esa mítica y preciosa película que hoy he recordado en el título de esta página.

Hace casi cuarenta años que estuve en Roma pero sólo unas horas, con Carmina y los cuatro niños, en una escala que hacía el avión viniendo de Australia hacia Madrid, en unas pequeñas vacaciones para ver a la familia. Los maridos se quedaron currando en Melbourne porque no podían dejar el trabajo.

Cogimos un taxi que aceptó "albergar" a los seis, previa negociación con el taxista, (ya nos habíamos informado en el aeropuerto), y en unas tres horas nos llevó a visitar el Coliseo, el Foro, la Fontana de Trevi y poco más porque no daba tiempo, pero lo pasamos muy bien y mereció la pena esa escapada. Echamos unas monedas en la Fontana, como manda la tradición, para que vuelvas algún día y en mi caso se cumplió.

Pero estos cuatro días en el verano de 2007 me permitieron hacer un detallado y estudiado recorrido y además poder pasear por sus calles y plazas, que es una gozada.

Llegué al aeropuerto de Fiumiccino y allí mismo hay un tren, (el Leonardo Exprés), que te lleva directo a la estación Términi, y su nombre me recordó aquella película en blanco y negro con la gran actriz italiana Anna Magnani.

El hotel Portamaggiore quedaba cerca y me fui caminando por la Vía Domicci. Un antiguo, bonito y cómodo hotel. Mi habitación tenía balcón a la gran Piazza del mismo nombre y que está rodeada por las milenarias murallas que te vas encontrando por partes, más o menos grandes, en toda Roma.

En el centro de las murallas había un gran arco o puerta, una de las siete que había en la ciudad para entrar, por eso se llama Piazza di Porta Maggiore.

Como era el primer día y se me había ido toda la mañana, después de comer me cogí el tranvía que me llevaba hasta el Coliseo y el Foro, dos lugares que recordaba tanto de años atrás. Esta vez hice el recorrido despacio y tranquila. Impresionante el exterior del Coliseo y cuando entras más aún.

Y el Foro, con esas bellas ruinas de palacios, arcos, calzadas por donde caminaron tantos personajes de la historia. Se me pasaron las horas sin sentir y allí mismo vi ponerse el sol. Hice vídeo y fotos preciosas.

El segundo día me levanté temprano porque iba al Vaticano y entre las colas para entrar a la Basílica de San Pedro, subir a la Cúpula y luego los Museos del Vaticano con otra enorme cola, te lleva todo el día, con una pequeña parada para comer y descansar.

Antes de entrar en la Plaza de San Pedro, vi en la calle que se dirige a los aposentos del Papa, a la Guardia Suiza, dos guapos chicos rubios con su vistoso uniforme y me fui derecha a fotografiarlos y una pareja de japoneses me hicieron una foto con ellos.

Después entré en la Plaza atravesando la maravillosa columnata de Bernini que la rodea y me puse a la cola que no fue tan pesada como esperaba porque corría bastante y además estás mirando y admirando todo lo que tienes a tu alrededor y se te pasa el tiempo volando.

Cuando vas entrando la cola se bifurca hacia espacios diferentes, las catacumbas donde están enterrados todos los Papas, la Basílica o la Cúpula. Yo me dirigí primero al ascensor que sube a la Cúpula para ver toda la Basílica desde arriba, que es algo espléndido porque se domina desde la entrada hasta el altar.

Qué bellísimo trabajo en el arte del mosaico hay todo alrededor de esa cúpula con enormes y preciosos ángeles. Di toda la vuelta y después hay unas escaleras que te llevan hasta la misma punta desde donde puedes contemplar todo Roma. ¡¡Qué maravilla!!

Luego bajé y me recorrí muy despacio toda la Basílica. Describir lo que allí ven tus ojos es imposible. Sólo decir que tienes delante "La Piedad" de Miguel Ángel, protegida por metacrilato para que nadie se acerque a la escultura. La tumba de San Pedro con sus enormes velas eternamente encendidas, pinturas bellísimas de grandes maestros, pilas de agua bendita en mármol rosa con enormes y preciosos angelotes rodeándolas, los suelos, los techos, el Altar, todo increíble, todo arte puro.

Después de comer un estupendo menú en un restaurante cercano y descansar a la sombra porque hacía un calor terrible, me encaminé hacia los Museos del Vaticano que están dando la vuelta por detrás de la Plaza.

Allí había mucha más cola aún, pero me lo tomé con paciencia apoyada a la sombra de las murallas y de vez en cuando cruzaba a comprarme un helado o tomar algo y así mover las piernas.

Al cabo de más de una hora llegué a la puerta y tuve suerte porque cerraban a las cuatro y pude entrar de milagro. Allí la entrada es más cara que en la Basílica porque está la Capilla Sixtina y se aprovechan bien, pero merece la pena porque es algo único. Y no sólo la Capilla, sino las maravillas que vas descubriendo en cada sala y larguísimos pasillos, anchos y llenos de luz que entra a través de los balcones que dan a preciosos y cuidadísimos jardines.

Grandes y bellísimos cuadros, murales y tapices de Rafael y otros maestros de la época. También enormes patios que vas atravesando con fuentes y esculturas, arcos y debajo de cada uno de ellos lujosas bañeras de mármol blanco, negro y rosado que pertenecieron a emperadores romanos.

Y por fin llegas a la Capilla Sixtina y lo primero que piensas es que solamente por estar allí y ver la grandiosa obra de arte que pintó Miguel Ángel, ya merece la pena ir a Roma. Te quedas alucinada y te preguntas cómo han podido las manos, el talento, la creatividad y capacidad de trabajo de un solo hombre, realizar aquella grandiosa obra de arte, aunque empleara en ello varios años.

No hacía mucho que habían sido restauradas todas las pinturas, tanto las del techo, (800 m2), con "La Creación de Adán" y todas las demás escenas bíblicas y la enorme pared frontal del Altar Mayor con episodios del Génesis. Esto es lo que pude ver y admirar con más detalle y comodidad, pero el techo está tan alto y mis cervicales tan mal, que a pesar de sujetarme el cuello con la mano, me dolía y sólo podía mirar unos minutos y luego descansar, mirando los laterales de la Capilla, que no son de Miguel Ángel pero maravillosos y de grandes maestros. A un lado el Antiguo Testamento y al otro La Vida de Cristo, (Nuevo Testamento).

Según leí en el libreto que compré, lo pintaron por encargo del Papa Sixto IV, algunos de los mejores pintores de la época, como Perugino, Botticelli, Guirlandaio,(maestro de Miguel Ángel) y Cosimo Roselli.

Conseguí sentarme en uno de los bancos que hay a ambos lados de la Capilla y allí estuve no sé cuánto tiempo. Lo perfecto sería estar sola en aquel lugar único, en vez de rodeada de gente.

Me sentí muy afortunada por haber podido contemplar todo aquello, aunque sólo sea una vez en la vida.

                            Gracias, Michelangelo!!
                                                       
                                                                                                        continuará...







viernes, 8 de abril de 2016

Recuerdos y rimas III



                                   El patio de mi casa
                          sí que es particular,
                          cuando llueve no se moja,
                          de tan hondo como está.

                          Siete pisos lo rodean
                          y el cielo puedo alcanzar
                          en un cuadradito pequeño
                          pero azul como la mar.

                          Este patio de mi casa
                          sí que es particular.
                                                          

Recuerdos y rimas II



                                  Mi casa es tan pequeñita
                         que casi puedo alcanzar
                         con una mano el principio
                         y con la otra el final.

                         Pero somos muy felices
                         mi mamá y mi papá,
                         mis dos hermanas mayores
                         y la que escribiendo está.

Recuerdos y rimas. l



                            Cuando papá llega a casa,
                     la puerta abierta está,
                     porque al bajar la escalera
                     se detiene a llamar
                     en la pared del pasillo
                     y su llegada avisar.
                   
                     Cuando papá llega a casa,
                     la puerta abierta está.
                                       

miércoles, 6 de abril de 2016

EL COLUMPIO.


Érase una vez, hace muchos, muchos años, que una niña fue con sus hermanitas y papás al viejo Circo Price, aquel de la Plaza del Rey, ya desaparecido.

Sí, era yo. De vez en cuando lo hacíamos, celebrando alguna fecha especial, pero hubo una tarde que, ¡oh, ironías del destino!, ocurrió algo insólito.

En aquel espacio había varios cientos de personas y seguramente ninguna de esas familias vivía en un sotanito de menos de veinte metros cuadrados. Bueno, pues al final de la función casi siempre hacían un sorteo que coincidiese con el número de asiento para entregar un regalo, ¡y nos tocó a nosotros!.

Qué alegría! Yo me recuerdo saltando en mi butaca, pensando y diciendo, ¡¡que sea una bici, que sea una bici!!, al ver el volumen grande que envolvía aquel regalo.

Pues no era una bici, ni nada remotamente parecido que pudiésemos utilizar y disfrutar las niñas.

Era un precioso columpio artesanal de madera verdosa, para montar y usar en un espacioso piso o casa de campo.

¡¡Nuestro gozo en un pozo!! ¿Qué hacíamos con aquello? ¿Dónde lo poníamos?

Qué desilusión, pero éramos esa familia "afortunada" a la que nos daban la enhorabuena desde la pista y había que sonreír y dar las gracias.

Y salimos con aquel gran paquete, ayudándonos a llevarlo, yo dándole vueltas al magín pensando en que quizás nos dejarían ponerlo en el patio vecinal y saltar por la ventana para columpiarme.

Pero eso era empresa imposible porque no lo permitía el entonces llamado "jefe de casa", un militar retirado, de los ganadores, al que hacían la pelota todos los vecinos y casi reverencia los porteros cuando se dirigían a él, además allí tiraban de todo los niños de los pisos que rodeaban ese patio, en fin, que de momento se aparcó detrás de la puerta del water, pero estorbaba tanto que apenas podíamos entrar, así que al final el lindo columpio fue a parar, sin estrenar, a la tienda "almoneda" que vendía muebles usados y que se lo compró a mamá por cuatro cuartos.

Y esa es la historia de un columpio en el que jamás pudimos columpiarnos las hermanitas Torres, sobre todo la más pequeña, ¡MOI!, que casi lloró de pena al verlo marchar para unirse a viejos muebles y trastos.

Me consolaba pensar que algún otro niño-a, podría disfrutarlo.


               Una anécdota de posguerra en los años 40.

domingo, 3 de abril de 2016

Girona-Rosas-Cadaqués-PORT LLIGAT.


En junio de 2005 me fui una semana a la Costa Brava y fue un recorrido bonito que terminó en Port Lligat, con lo cual completé los tres lugares Dalilianos que comencé el año anterior en Figueras y Púbol.

Primero Madrid-Girona para conocer esta ciudad que me encantó. Su casco antiguo, muy extenso y lleno de historia, su catedral e iglesias medievales, palacios, barrio judío con sus estrechas calles, el río Eynar, con las casas de colores distintos que se reflejan en el agua, sus abadías y jardines y los Baños Árabes con siglos de antigüedad y que pude visitar a mis anchas completamente sola. Era la hora de comer, hacía mucho calor y no se veía un alma por la calle.

Se me pasaron las horas sin sentir y llegué al hotel cansada pero feliz de todo lo visto y fotografiado. Todo el recorrido a pie y por muchas de sus calles empedradas con adoquines y guijarros se resienten los pies aunque lleves calzado cómodo, pero mereció la pena.

Es una ciudad realmente bella que hacía tiempo deseaba visitar.

A la mañana siguiente cogí el autobús que me llevó a Rosas donde me quedé un par de días. Qué lindo lugar y qué playa inmensa, limpia y cuidada. Su preciosa bahía en forma de gran concha y las montañas alrededor salpicadas de casas aquí y allá.

Su paseo marítimo interminable lo paseaba al caer la tarde después del bañito en la playa, comer y siesta. El agua limpia y transparente como el cristal. Una gozada.

También me hice un pequeño crucero de varias horas en un barco que va de Rosas al Cabo de Creus y vuelta y cómo lo disfruté. Me coloqué en la punta de proa donde no había nadie entre el mar y yo. Me quité las sandalias y a veces las olas me salpicaban los pies que llevaba colgando hacia afuera. Qué paisaje a mi izquierda, siempre cambiante cada vez que pasábamos un Cabo y aparecían pueblos pesqueros a lo lejos.

Por megafonía iban explicando los lugares por los que pasábamos, en varios idiomas para que nos enterásemos todos.

Al llegar al Cabo de Creus es impresionante ver cómo chocan las olas contra sus rocas y los cientos de gaviotas que tienen allí sus nidos. Y una experiencia muy especial fue una cueva que desde lejos parece pequeña, pero se va acercando el barco y crees que nos la van a enseñar para verla un poco más de cerca y resulta ¡¡que se mete el barco dentro!! y como yo estaba en primera fila, con la gente detrás, fue increíblemente emocionante ver cómo se abría paso casi rozando las paredes de la roca. La difícil maniobra la hacen muy despacio y con mucha precaución y luego da marcha atrás y vamos saliendo poco a poco.

Y yo, allí delante, como "un lobo de mar", feliz, feliz, feliz. Esas horas me dejaron un hermoso recuerdo y tengo fotos fantásticas.

La última noche en Rosas era la de San Juan y fue muy bonita con la enorme hoguera en la punta del espigón, que se reflejaba en el agua y a las doce los fuegos artificiales, también con su bello reflejo en el mar.

Después de esos casi tres días, cogí el autobús a Cadaqués. Un camino precioso pero con el inconveniente de las continuas y cerradas curvas hasta que llegas allí. Además es todo cuesta arriba por una estrecha carretera que preocupa un poco ver cómo vas casi al borde del "precipicio", en fin, es la única manera de alcanzar ese bellísimo pueblo.

Allí me quedé dos días. Lo conocí muchos años antes, cuando teníamos el restaurante en Puebla de Farnals y fuimos a una boda Carol, Gerry y yo y de nuevo hace un par de años, con Carol y los nietos en una semana de vacaciones a Barcelona, Figueras, Cadaqués y Port Lligat.

Cadaqués igual, como si no hubiera transcurrido el tiempo. Una preciosidad este lugar del Alto Ampurdán, colgado desde lo más alto de la iglesia de Santa María, hasta la pequeña playa y sus barcas meciéndose en el mar.

Desde allí puedes ir caminando hasta la casa de Dalí, junto a la playa de Port Lligat.

Lugar mágico donde los haya y la mano del genio en cada espacio, cada blanquísimo patio, cada detalle donde se posen tus ojos.

Vas de sorpresa en sorpresa. Huecos inverosímiles para pasar de un patio a otro o abiertos al mar de tal manera y en lugares tan estratégicos y estudiados que parecen cuadros. Decoración, esculturas, fuentes y objetos surrealistas que no te esperas y junto a ellos otros románticos y dulces. Todo te sorprende, todo arte puro, ¡todo DALÍ! y también todo GALA.

En el suntuoso dormitorio, que tiene dos niveles, en la parte baja hay un gran espejo junto a un ventanal y Dalí lo puso orientado de manera que, desde su cama, viese amanecer a través del mismo.

En fin, tratar de describir todo el arte, creatividad e imaginación que allí hay, es un reto imposible. Hay que ir a verlo tanto en Figueras, como el Castillo o la maravillosa casa de Port Lligat.

Lo que yo tanto disfruté en 2004 y 2005, luego lo hicieron Carol y los nietos. Y yo de volverlo a ver.


Siempre admiré la obra de Dalí, pero cuando visitas estos tres lugares, descubres realmente quién era este genio, no solo un gran pintor y creador, sino mucho, mucho más, con todas sus excentricidades y locuras, o quizás gracias a ellas.


                          Gracias, Salvador Dalí, por todo lo que nos has dejado.
                 


viernes, 1 de abril de 2016

Castillo de GALA-DALÍ


Al día siguiente me cogí el tren de cercanías para ir a Púbol y me encontré con que era un apeadero y el pequeño pueblo donde está el castillo se encuentra alejado y sin apenas medio de transporte.

Pregunté en el bar si había algún taxi y sí, había UNO pero tenía que llamar a casa del taxista para que viniera. Me dieron el número y después de un buen rato llegó y me pudo trasladar hasta allí.

Me dijo que para volver no iba a ser fácil porque hay autobuses muy de tarde en tarde que paran en la gasolinera de la carretera que estaba cerca del pueblo.

La gente va en coches particulares o autobuses de turistas con visita programada, así que yo, que fui por mi cuenta, me encontré con algunas dificultades horas después y que se convirtieron en una pequeña aventura que contaré al final de la página.
 

                                                                       


Por el pueblo no pueden entrar coches, así que me dejó junto a un caminito desde el que se veía el castillo y pensé que después seguiría la misma ruta para salir a la carretera y gasolinera, (pero la historia no fue así).
                                                           
Bueno, concentrémonos en el castillo. Llegué enseguida y había un pequeño grupo esperando para la visita guiada. Era en catalán pero me enteraba de todo, o casi.

Qué lugar!!! Antes de entrar te encuentras en un jardín daliniano asombroso, con aquellos enormes elefantes de larguísimas patas de jirafa y pezuñas de crustáceo por todas partes, con los que Dalí quiso representar una senda de elefantes entre las plantas. El estanque al final del jardín, que antes fue la piscina de Gala, con unas figuras ornamentales muy antiguas que Dalí descubrió en el solar de un palacete de Figueras y que compró y se llevó al castillo. Él incorporó un surtidor y una gran cabeza de pescado que es otro gran surtidor de agua y además muchas, muchas pequeñas cabezas de colores distintos con la cara de Wagner, que era el único músico que los dos admiraban, ("lo que componía Wagner era música, lo demás ruido").

También le hizo a Gala un gran banco de piedra con dos enormes flores de lis en el respaldo con desconchones pintados para que parecieran antiguos. Lo de la flor de lis lo plasmaba en muchas de sus obras por los "delirios de grandeza" que siempre tuvo y que al final de su vida consiguió hacerlos realidad ya que el rey Juan Carlos le concedió el título de Marqués de Dalí y Púbol.

Ese jardín de pura fantasía nos reservaba la sorpresa al final de la tarde, después de terminar la visita, de ver a los elefantes, con su trompas hacia arriba, convertidos en surtidores de agua. Fue increíble.

La guía te va explicando con todo detalle la historia del castillo cuando lo compró Dalí para Gala y todo lo que fueron incorporando los dos a nivel mobiliario, decoración, pinturas, esculturas, etc.,

Ella era su musa y en los años que estuvieron juntos fue cuando este genio polifacético desarrolló su gran y mejor obra al máximo.



Todo está lleno de objetos y cosas geniales que él hacía para ella: un juego de ajedrez de bronce en el que las figuras son los dedos de ellos dos, un "trono-sillón para su reina", con el nombre de Gala en letras doradas, puertas abiertas pintadas en las paredes, las famosas sillas de respaldo altísimo, grifos dorados en la bañera con forma de cabezas de dragón, almenas pintadas en el techo, como las que hay fuera del castillo, un precioso crucifijo en una especie de altar que parece de plata labrada y resulta que lo hizo Dali totalmente con papel de aluminio, una enorme puerta de iglesia que mandó traer desde Toledo y que está fijada a la pared pero solo se abre una puertecita pequeña en la parte de abajo y mil cosas más que sería muy largo de contar.

En el garage hay un antiguo Cadillac , que es el que llevó el cuerpo de Gala cuando murió, del hospital de Gerona hasta el castillo, porque Dalí no quiso que la metieran en un coche fúnebre.

Me impresionó ver en el tocador que hay en el baño, uno de sus lazos negros de terciopelo que llevaba casi siempre recogiendo su pelo, que aparecen en varios de sus cuadros y tantos y tantos objetos personales que allí hay, sobre todo de ella, pues el castillo era su retiro personal y donde le gustaba vivir.                

Dalí iba y venía, previa llamada a Gala, pero para ella era su reino particular donde recibía a sus amigos y !amantes!.

En fin, dos genios, cada uno a su manera, que se encontraron, se amaron y se complementaron y que dejaron sus huellas en este precioso lugar de Púbol.

Cuando salí estaba cayendo el sol y me di una pequeña vuelta por ese minúsculo pueblo donde los pocos vecinos, casi todos de edad avanzada, se sientan a charlar a la puerta de sus antiguas casitas.

Comí algo en la terraza de un bar cercano y me dispuse a coger el camino hacia la carretera general y la gasolinera para esperar al
autobús, pero me despisté y el que yo creía que era el mismo que me llevó hacia el castillo, resultó que no lo era y aquí llegó la aventura de este viaje.

Me pongo a caminar y como a los lados había olivos y era muy parecido, sigo andando tan contenta porque hacía una tarde preciosa, hasta cogí algunas flores, (como Caperucita), menos mal que no salió ningún "lobo" y caminaba, caminaba pensando: "qué bonito es el campo y la naturaleza", pero la carretera general no aparecía, aunque a lo lejos escuchaba los coches y camiones pasar. No me daba cuenta que ese camino no iba recto como el anterior, sino en diagonal.

Empecé a preocuparme al ver que se escondía el sol y que pronto se haría de noche, entonces no me lo pensé y cuando vi que venía un coche, (no había pasado ni uno en todo el tiempo y llevaba más de una hora andando), le hice señas y enseguida paró y mira por donde era una de las guías del castillo que le había ido a buscar su familia y al preguntarles me dijeron que me había equivocado y que ese camino iba a otro pueblo.

Enseguida me invitaron a subir y me llevaron a la gasolinera y esperaron conmigo a que llegase el autobús, (que por cierto era el último del día).

Mi "autostop" podría haber tenido consecuencias negativas si en vez de esta familia tan maja, me para alguien "no tan majo".

En fin, no me he perdido nunca en viajes a lugares lejanos y exóticos y me pasó aquí.

Pero todo terminó bien, cogí el tren y al hotel a descansar.

Día accidentado pero con final feliz.

A la derecha sepultura de Gala. Ninguna inscripción sobre el mármol, ni nombre, ni fechas, sólo una cruz pintada en negro.