martes, 29 de marzo de 2016

Centenario de DALÍ - 2004


Este fue un viaje cercano pero inolvidable.

Se celebraba el centenario de ese gran genio llamado Salvador Dalí y me propuse la meta de ver en esta escapada parte de lo que tenía en mente hacía años: su Teatro-Museo de Figueras y el Castillo de Gala-Dalí en Púbol, un pequeño pueblo cerca de Figueras.

Viajé en tren por la noche y así aprovechaba más los días y además durmiendo en litera que era mejor para mis piernas.

Llegué muy temprano y me quedé un par de días en un hotel modesto pero muy cómodo en el mismo centro de la ciudad.

Después de una buena ducha y desayuno me encaminé enseguida hacia el Teatro-Museo y a esa hora de la mañana no había apenas cola para entrar, sin embargo al salir horas después daba la vuelta a todo el gran edificio.

Según te vas acercando por la calle que sube al museo desde la plaza central, descubres primero una preciosa y antigua iglesia, (donde fue bautizado), el colegio de su infancia y adolescencia y un poco más arriba la gran fachada del Teatro.Museo, con su cúpula de cristal y esculturas de Dalí presidiendo la entrada.

Se entra por grupos para que nunca haya aglomeraciones en su interior y podamos disfrutar lenta y tranquilamente de las maravillas que te encuentras en aquel lugar mágico que concentra la obra permanente más importante del genio ampurdanés.

Ese lugar era el antiguo teatro de Figueras en el que Dalí siempre pensó y soñó que sería el gran museo donde exponer su obra, y lo logró.

Se amplió mucho en su momento con la Torre Galatea en la parte de atrás del museo.

Cuando accedes te encuentras con un gran patio que te deja alucinada. No se puede explicar, hay que ir a verlo. Una de las cosas que enseguida te llama la atención en el gran y antiguo Rolls Royce negro en el centro, con la figura del chofer delante y detrás las de Gala y Dalí y la lluvia que gotea constantemente sobre ellos dos.

Bueno y las esculturas alrededor y hasta el tejado del patio circular, en fin, cuando aún no has salido de tu asombro subes por una rampa y entras en un inmenso hall con una inmensa y maravillosa pintura frente a ti, ocupando toda la enorme pared y otras de menor tamaño a izquierda y derecha.

Son obras muy famosas, como todas las que te vas encontrando en cada espacio, pero no puedo pararme a buscar sus nombres en el cuaderno-catálogo que compré allí, porque no terminaría nunca.

Sólo puedo decir que por mucho que se haya leído sobre este gran artista, su enorme talento hay que descubrirlo allí y también en el castillo de Púbol o su casa-museo de la playa en Port Lligat, que visité al año siguiente para completar el recorrido de su obra.

En el Teatro-Museo de Figueras está su tumba. Es un espacio con poca luz, sólo iluminada por los focos mirando hacia la lápida de mármol blanco, con su nombre y fechas y todo alrededor de las paredes pequeñas vitrinas exponiendo bellísimas joyas diseñadas por él.   Hubo mucha polémica en su momento ya que Dalí hizo constatar en su testamento que su deseo era ser enterrado junto a Gala en el castillo, pero los intereses creados de uno y otro lugar hizo que estén separados para siempre, él en Figueras y ella en la impresionante, extraña y espaciosa cripta en los bajos del castillo, que diseñó en todos sus detalles Dalí.

Y allí está, en ese gran espacio, la losa blanca de mármol de la tumba de Gala, sin inscripción alguna, nombre o fechas, sólo una cruz pintada en negro y a su lado la de Dalí vacía. Al fondo, iluminadas ténuamente, figuras a tamaño real de girafas, elefantes, etc.

Me contaba una cuidadora muy maja que bajó conmigo las escaleras, que entre las dos lápidas hay un espacio o pequeño túnel para estar unidos los dos a través del mismo. Todo pensado por Dalí, para que al final, el mangoneo de herederos y autoridades, hayan hecho lo contrario.

Estuve sola un buen rato y tengo una foto del lugar.

Del castillo Gala-Dalí, que él compró y creó espacio por espacio, para su adorada Gala, hablaré en la próxima página. Otro lugar que hay que visitar al menos una vez en la vida.

                                           continuará...

viernes, 18 de marzo de 2016

Estambul


Cuando llegamos a Estambul apenas nos quedaban un par de días para ver y visitar lo más interesante de esta preciosa y enorme ciudad dividida por el Bósforo, pero la realidad es que haría falta una semana como mínimo para conocerla medianamente bien, porque sus palacios, museos y mezquitas son tantas y tan maravillosas que se necesitaría más tiempo sin moverse de esta histórica ciudad, pero como no podía ser nos conformamos con "lo más de lo más", que ya es mucho y lo disfruté al máximo.

Nos quedamos en el hotel Yasmak Sultán, muy bonito y con todas las comodidades. Recuerdo que el comedor estaba en una terraza acristalada desde donde se veía la Mezquita Azul.

¡Mezquita de Mezquitas!Qué absoluta maravilla y que belleza sus cúpulas y seis minaretes. Te roba el corazón y no te cansas de contemplarla tanto el exterior como el interior. Mosaicos y cerámicas de colores donde destaca el azul.

¿Cómo se podían hacer estas maravillas de arquitectura en aquella época? Es Inexplicable y lo que está claro es que todo nuestro saber y conocimiento viene de las culturas antiguas árabes y egipcias y posteriormente de la época romana y antigua Grecia, pero estas culturas han degenerado por completo en los últimos siglos, desafortunadamente.

Y luego está muy cerca Santa Sofía, (Ayasofya, año 532-537, Emperador Justiniano), y tiene mayor valor histórico por su antigüedad, (1000 años más que las otras, como la de Suleimán el Magnífico), pero las tres espléndidas y diferentes.

Santa Sofía sólo se visita y utiliza como museo para que no se deteriore y la entrada es en pequeños grupos. El exterior es rojizo con cuatro minaretes y el interior es tan bello e impresionante como la azul.

La de Soleimán el Magnífico, preciosa también, con su gran patio y su lujosa y magnífica tumba en el interior.

Al día siguiente estuvimos varias horas en el increíble Palacio de Topkapi y digo varias horas porque hay tanto, tanto que ver que cuando llega la hora de marcharte porque nos espera el autobús, desearías quedarte unas horas más.

Sus patios, sus terrazas dando al Bósforo, sus salones, mobiliario, ¡¡sus tesoros y joyas!!, bueno, alucinante. Allí está el famoso "KASIKCI DIAMOND" de 86 carat, el segundo más grande del mundo, la cuna de oro y piedras preciosas del Sultán Ahmed I, platos, tazas y cubertería de oro macizo, el trono de oro del Sultán Nadir Shah Mahmud, en fin, el tesoro allí expuesto se considera uno de los más valiosos del mundo.

Sus cocinas, salas de armas, jardines...un palacio-museo de los más increíbles que se pueden ver.

En su gran terraza estuve sentada un buen rato disfrutando de las maravillosas vistas que tiene al Bósforo, viendo pasar barcos y admirando el paisaje de las dos orillas.

Allí hay encerrado un derroche de lujo excesivo pero alucinante, aunque seguramente el pueblo llano se moriría de hambre en aquella época del Sultán Nadir.

No he mencionado los varios y diferentes harenes donde tenía a sus favoritas. Los muebles, armarios y puertas eran con nácar y marfil incrustado y tapices que son una obra de arte.

Los patios te recuerdan a La Alhambra, tanto en su arquitectura y filigranas como las fuentes y surtidores de agua cuyo rumor te va acompañando todo el camino.
                                                                         

Tengo preciosas fotos y vídeo. El álbum de Turkía es muy especial.

Después ya solo quedaba tiempo para dar una vuelta por el Gran Bazar y el de las Especias. Es inmenso y tienes que ir pendiente del guía porque como te despistes te pierdes por aquel enjambre de calles y callejones. Te quieres comprar muchas cosas pero al final un detallito para ti y cositas para los nietos.

                    ¡¡SALAM MALAKUM, TURKÍA!!

(Ayer escribí esta página sobre Estambul y hoy veo en las noticias que el terrorismo vuelve a golpear en el mismo centro de esta ciudad con víctimas mortales y muchos heridos) Allí, a Turquía, es donde Europa ha decidido mandar, como moneda de cambio, soltando unos millones de euros, a miles de refugiados que huyen de la guerra y el terror. Me avergüenzo de ser europea.

jueves, 17 de marzo de 2016

Turquía II


No he mencionado en la anterior página que las primeras ciudades que visitamos nada más cruzar el Mar de Mármara fueron Canakkale y Bursa, (antigua capital otomana).

Su Mezquita Verde es preciosa. Nos dijeron que nos pusiéramos un pañuelo en la cabeza y fue una visita que me encantó y la ciudad también.

A la salida me hicieron una foto con un nutrido grupo de jóvenes estudiantes de la Universidad de Ankara, junto a la bonita Fuente de las Abluciones.

Al día siguiente nos esperaba algo realmente interesante, "las ciudades enterradas". Datan de cuando los primeros cristianos se asentaron en aquellas tierras, (s. II-IV), y como no había montañas donde escavar y hacerse refugios, iglesias y casas, lo hicieron hacia abajo, subterráneas con galerías, varios pisos y chimeneas de ventilación. Se conservaba una temperatura buena, tanto en invierno como en verano y estaban a salvo de enemigos con un sistema de entrada que sellaban con enormes piedras circulares con un agujero en el centro desde donde miraban y se defendían en caso de ataque, con flechas y lanzas.

Recorrimos algunas de estas viviendas con sus salas, dormitorios, iglesias y hasta corrales para los animales. Estaban muy bien organizados y allí vivieron durante varios siglos. Me encantó caminar por esas pequeñas ciudades enterradas.

Sólo están preparadas algunas de ellas para los turistas, pero hay muchas más en aquella zona de Kaimakli.

Después llegamos a Esmirna, que es donde están concentrados los gitanos turcos y me impresionó ver las montañas que rodean la ciudad y que es donde durante siglos se han ido construyendo ellos mismos las chabolas donde viven. Miles y miles, pegadas unas a otras, desde abajo a la parte más alta de las colinas. Parecen enjambres y te recuerda a las fabelas que ves en la tele o películas sobre Brasil, pero esto es un espectáculo más pobre y más triste aún.

No hay derecho que los gobiernos permitan que vivan así millones de familias. Según nos dijo la guía, no es una ciudad segura, sobre todo por las noches, así que sólo paramos en las afueras, (Konya), para comer en un lugar precioso, una fortaleza del s.XIV convertida en restaurante y luego continuamos camino de Cappadoccia, donde llegamos por la noche a uno de los hoteles más bonitos, el Burcu.

Salimos temprano por la mañana para recorrer el día completo las mágicas tierras de esa zona de Turquía que, sin exagerar nada, es como si entrases en "el país de las maravillas" y por mucho que te hayan contado o visto en fotos o folletos de publicidad, te deja absolutamente alucinada y no te puedes creer lo que tienes delante de los ojos.

Además en las distintas zonas que vas recorriendo, "el paisaje lunar" va cambiando y de repente te encuentras con casas e iglesias carvadas en la montaña, con unos frescos pintados en las paredes bellísimos y bastante bien conservados, todos con temas religiosos, de los cristianos que las habitaban.

Pero lo que más te asombra es las figuras caprichosas e increíbles que la erosión de la tierra ha ido creando al pasar de los siglos en valles de arena caliza y cuando llegas a la zona de lo que llaman "chimeneas", ya es que no te lo puedes creer y te quedas allí plantada e hipnotizada, sin poder apartar los ojos de aquello, preguntándote cómo es posible que no esté hecho por la mano del hombre y que la naturaleza haya construido esas gigantescas setas con su gorro en todo lo alto.

Menos mal que nos dieron bastante tiempo para disfrutar de esas maravillas únicas en el mundo, y estuve caminando sola de aquí para allá, a mi aire, haciendo fotos y vídeo, (las cámaras echaban humo). Fueron unas horas fantásticas.Cuando miro las fotos o la peli, recuerdo todo con nostalgia y también alegría por haber tenido la oportunidad de contemplar a mi edad tanta maravilla.

En este hotel de Cappadoccia fue el único en el que estuvimos dos noches y en la segunda nos llevaron al grupo al Monasterio de Saruhan, (1249), para ver a los Derviches, que son esos danzarines que bailan dando vueltas sin parar, pero tan rígidos de cuerpo y cabeza hacia un lado, que parecen girar sobre una plataforma sin mover los pies, cubiertos por la larga y amplia falda.

En este caso no era un simple espectáculo folklórico como los que se ven en Estambul, sino una ceremonia completa de monjes sufistas, en la que hay que estar en un silencio total. No se pueden hacer fotos o aplaudir. Después de una inclinación van retirándose.

No terminó todo ahí porque nuestra guía Arzu nos "enchufó" para tomar un té en una dependencia del Monasterio, sólo nuestro grupo, y allí estuvimos un buen rato charlando y hasta nos leyeron los posos del té en nuestras tazas con mensajes que nos hacían reir a todos. Lo pasamos muy bien.

Antes de entrar en el Monasterio fuimos a la Mezquita-Museo de Hazreit Mevlanâ, creador de la filosofía sufista. Allí está la suntuosa tumba de él y su familia.


De vuelta ya hacia Estambul pasamos por Ankara donde paramos sólo para comer porque es una ciudad inmensa y moderna y sin nada especial que ver.

Sí lo hicimos en Izmir, famosa por estar en "la ruta de la seda" y visitamos una fábrica de alfombras de seda natural todas ellas. Yo nunca las había visto ni tocado y es una experiencia muy especial.

Además antes de pasar al salón y sentarnos en los cómodos sillones donde nos sirvieron un exquisito té de menta, entramos en los talleres donde hay enormes sacos de capullos de seda y mujeres en máquinas hiladoras, con los capullos en remojo dentro de un barreño y con una facilidad y maestría asombrosa, van cogiendo los hilos y enganchándolos en una rueda que va formando la madeja.

Había docenas de madejas de seda natural colgadas alrededor de las paredes. Fue verdaderamente curioso y bonito.

                                 
                                  Próxima y última página, ESTAMBUL.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Mis grandes viajes: TURQUÍA


Esta vez no sólo para recordar otro de mis viajes favoritos, también para lamentar lo que está ocurriendo en esa zona del mundo.

Varios atentados terroristas en unos meses, el último ayer con casi cuarenta muertos y más de cien heridos en Ankara y ahora protagonista de mercachifles mandatarios europeos que van a pagar a Turquía para que este país acoja a los miles de refugiados aparcados y abandonados entre Grecia y Macedonia, en condiciones infrahumanas y así quitárselos de encima, como quien barre la basura para esconderla debajo de la alfombra y olvidarse del problema con ese pacto de la vergüenza. Además Turquía no cumple en absoluto con los criterios de un país seguro, como ya comento al principio de este párrafo, o sea que huyen de su país en guerra y van a devolverles a otro donde en estos tiempos la seguridad y la democracia no está en su mejor momento.

Qué asco de Europa!!!

Hace varias semanas que no escribo en mi blog porque estas noticias y el barullo político que nos rodea, no te deja margen para recuerdos interesantes y agradables, pero voy a tratar de hacerlo y recorrer los lugares y caminos de ese bello país que en 2007 se podía visitar con tranquilidad.

Fue una semana increíble y un viaje diferente porque no se redujo a la bella ciudad de Estambul y alguna excursión casual.

Me apunté a un tour llamado "Esencias Turcas" porque hacía un recorrido por ciudades históricas, cuna de civilizaciones como Éfeso, Pérgamo, Bursa, Esmirna, etc.

Al principio pensé en el clásico Estambul-Ankara-Capadoccia, pero después, estudiando el itinerario vi que las "esencias" era mucho más interesante aunque más duro y cansado con más de 2.000 Km. por carretera y me preocupaban mis piernas, su mala circulación y la espalda,

Pero entonces tenía diez años menos y mereció la pena el esfuerzo. Fueron días mágicos, en lugares mágicos y hoteles mágicos de cinco estrellas, con baños turcos, saunas y todo lujo de detalles.

Cada noche dormíamos en uno diferente, según la zona y ciudad que visitábamos. Éramos un grupo pequeño porque a este circuito se apunta menos gente que al clásico y más cómodo que he mencionado al principio.

Un grupo majo, divertido y cariñoso. Todos treintaañeros y yo "la mamá Aca" de 70, pero integrada con ellos y ellos conmigo. Pasamos aventuras, asombros y risas, juntos día tras día y llegamos a cogernos verdadero afecto, como si nos conociéramos de toda la vida.
                                                                                                Biblioteca de Celsus
Comenzamos cruzando en barco el Mar de Mármara desde el Mar Negro y atravesamos el país hasta llegar al Mar Egeo y desde allí hacia la zona de Capadoccia, Pammukale y de vuelta a Estambul, total 2.400 km., pero como digo antes, mereció la pena cada km. y cada etapa de cansancio.

Describir uno a uno todos los lugares que pisaron mis pies y vieron mis ojos, sería imposible y muy largo de contar, como también es imposible escribir en esta página los sentimientos y emociones al ver y tocar esas ruinas bellísimas de ciudades milenarias como Éfeso y tantas otras, calzadas romanas de mosaico, teatros y coliseos inmensos y escuchar su historia que nos contaba con todo detalle, Arzu, nuestra guía que era un encanto y se convirtió en una amiga más del grupo.

Éfeso fue un punto y aparte de todo el recorrido. Cuando te bajas del autobús y entras por la Puerta de Hércules, vas caminando por entre esas calzadas y ruinas, te vas acercando a esa impresionante Biblioteca de Celsus que ves al final y te sientes un poco dentro de la historia milenaria de esta ciudad. La Vía Arcadiana, El Ágora Comercial, Las Termas de Varius, Casa de Placer, Templo de Adriano, Fuente de Trajano, el Gran Estadio o Coliseo, en fin, te cuesta salir de aquellas ruinas, darles la espalda y marcharte.

Pienso que este viaje se debe hacer al menos una vez en la vida.


Compré en casi todos estos lugares un cuaderno-libro en español para tenerlo conmigo, leerlo y recordar datos, que se olvidan al pasar el tiempo.

Del Templo de Artemisa, que fue una de las siete maravillas del mundo antiguo, sólo quedan algunas piedras y columnas, pues se lo fueron llevando poco a poco, (la mayoría está en el Museo Británico), y algunas partes las conservan en el Museo de Éfeso, (menos mal).

También está allí cerca la llamada "Casa de la Virgen", donde se dice pasó sus últimos días la Virgen María, cuidada por San Juan, que la trajo a Éfeso desde Jerusalem.

Jamás he visto en ningún otro país musulmán, (Túnez, Marruecos y Egipto), tantas mezquitas. Hasta en el pueblecito más pequeño y humilde que pasábamos por la carretera, tienen su mezquita con su cúpula y minarete y eso que, oficialmente y en teoría, es un país laico, aunque la realidad es que más del 90% de los habitantes son de religión musulmana.

En todos los hoteles donde dormíamos, se escuchaba al amanecer los cantos y rezos desde los minaretes que, aunque me despertaban, son tan bonitos que no me importaba, además siempre madrugábamos mucho para salir enseguida después del desayuno y ponernos en camino para seguir viendo y visitando lugares maravillosos, siempre interesantes y diferentes, caminando por la historia.

Otra de las razones por las que elegí este circuito fue saber que era el único que incluía las famosas "Cascadas de Algodón", que yo había visto en catálogos de viajes, me parecían alucinantes y no quería perdérmelas.

Efectivamente son increíblemente bellas y únicas y como llegamos por la tarde a Pammukale, pudimos contemplar allí la puesta de sol, un anochecer inolvidable.

Hice fotos y vídeo preciosos y también compré postales que tengo en el álbum de Turkía, donde se puede apreciar "parte" de la belleza del lugar, pero nunca es igual a lo que han visto tus ojos al natural y en todo su esplendor.

Antes de dirigirnos al hotel y ya casi de noche, visitamos un gran cementerio de la época romana, lleno de mausoleos que aún se conservan muy bien después de tantos siglos.

Daba un poco de "cosa" caminar por allí en la semi oscuridad, pero como íbamos en grupo todo eran chistes macabros y risas y hasta nos metimos dentro de un panteón para hacernos fotos.

Nos dijo Arzu que ya no había restos ni huesos desde hace siglos porque las diferentes civilizaciones que fueron llegando, asaltaban y robaban tumbas y todo lo que había en ellas. Era un cementerio para gente muy importante y rica de la era romana.

                                                                         continuará...