Este fue un viaje cercano pero inolvidable.
Se celebraba el centenario de ese gran genio llamado Salvador Dalí y me propuse la meta de ver en esta escapada parte de lo que tenía en mente hacía años: su Teatro-Museo de Figueras y el Castillo de Gala-Dalí en Púbol, un pequeño pueblo cerca de Figueras.
Viajé en tren por la noche y así aprovechaba más los días y además durmiendo en litera que era mejor para mis piernas.
Llegué muy temprano y me quedé un par de días en un hotel modesto pero muy cómodo en el mismo centro de la ciudad.
Después de una buena ducha y desayuno me encaminé enseguida hacia el Teatro-Museo y a esa hora de la mañana no había apenas cola para entrar, sin embargo al salir horas después daba la vuelta a todo el gran edificio.
Según te vas acercando por la calle que sube al museo desde la plaza central, descubres primero una preciosa y antigua iglesia, (donde fue bautizado), el colegio de su infancia y adolescencia y un poco más arriba la gran fachada del Teatro.Museo, con su cúpula de cristal y esculturas de Dalí presidiendo la entrada.
Se entra por grupos para que nunca haya aglomeraciones en su interior y podamos disfrutar lenta y tranquilamente de las maravillas que te encuentras en aquel lugar mágico que concentra la obra permanente más importante del genio ampurdanés.Ese lugar era el antiguo teatro de Figueras en el que Dalí siempre pensó y soñó que sería el gran museo donde exponer su obra, y lo logró.
Se amplió mucho en su momento con la Torre Galatea en la parte de atrás del museo.
Cuando accedes te encuentras con un gran patio que te deja alucinada. No se puede explicar, hay que ir a verlo. Una de las cosas que enseguida te llama la atención en el gran y antiguo Rolls Royce negro en el centro, con la figura del chofer delante y detrás las de Gala y Dalí y la lluvia que gotea constantemente sobre ellos dos.Bueno y las esculturas alrededor y hasta el tejado del patio circular, en fin, cuando aún no has salido de tu asombro subes por una rampa y entras en un inmenso hall con una inmensa y maravillosa pintura frente a ti, ocupando toda la enorme pared y otras de menor tamaño a izquierda y derecha.
Son obras muy famosas, como todas las que te vas encontrando en cada espacio, pero no puedo pararme a buscar sus nombres en el cuaderno-catálogo que compré allí, porque no terminaría nunca.Sólo puedo decir que por mucho que se haya leído sobre este gran artista, su enorme talento hay que descubrirlo allí y también en el castillo de Púbol o su casa-museo de la playa en Port Lligat, que visité al año siguiente para completar el recorrido de su obra.
En el Teatro-Museo de Figueras está su tumba. Es un espacio con poca luz, sólo iluminada por los focos mirando hacia la lápida de mármol blanco, con su nombre y fechas y todo alrededor de las paredes pequeñas vitrinas exponiendo bellísimas joyas diseñadas por él. Hubo mucha polémica en su momento ya que Dalí hizo constatar en su testamento que su deseo era ser enterrado junto a Gala en el castillo, pero los intereses creados de uno y otro lugar hizo que estén separados para siempre, él en Figueras y ella en la impresionante, extraña y espaciosa cripta en los bajos del castillo, que diseñó en todos sus detalles Dalí.Y allí está, en ese gran espacio, la losa blanca de mármol de la tumba de Gala, sin inscripción alguna, nombre o fechas, sólo una cruz pintada en negro y a su lado la de Dalí vacía. Al fondo, iluminadas ténuamente, figuras a tamaño real de girafas, elefantes, etc.
Me contaba una cuidadora muy maja que bajó conmigo las escaleras, que entre las dos lápidas hay un espacio o pequeño túnel para estar unidos los dos a través del mismo. Todo pensado por Dalí, para que al final, el mangoneo de herederos y autoridades, hayan hecho lo contrario.
Estuve sola un buen rato y tengo una foto del lugar.
Del castillo Gala-Dalí, que él compró y creó espacio por espacio, para su adorada Gala, hablaré en la próxima página. Otro lugar que hay que visitar al menos una vez en la vida.
continuará...






























