domingo, 1 de febrero de 2015

De pizzería y otros temas...



De nuevo en el pequeño pero bonito negocio que habíamos abandonado en manos de empleados y que no era, ni volvería a ser el que dejamos.

Ese pájaro en mano que habíamos desatendido por ciento volando.

Gerardo se había ido a Australia y allí estaba yo "sola ante el peligro" de cientos de problemas que tenía que ir solucionando día a día.

Solo el hecho de tener que llevar el negocio sin la presencia de Gerardo, se convirtió en una tarea muy dura y casi imposible de sacar adelante. Él hacía las compras con el coche yendo a Makro o donde hiciera falta. Abría temprano y preparaba todos los aperitivos y cuando llegaba la cocinera y los empleados, estaba todo en orden.

Tuve que adaptarme a realizar esas cosas con la ayuda del camarero que tenía coche y cambiando horarios, etc.

Y lo peor es que habíamos perdido gran parte de nuestros clientes por la desatención en todos los aspectos, que habían observado desde que no atendíamos el negocio personalmente y que me  comentaban cuando me encontraba a esos clientes por la calle.

Además fuimos durante años la única pizzería de la zona y hacía unos meses que habían abierto a poca distancia la poderosa Telepizza que estaba poniendo sucursales por todo Madrid y con servicio a domicilio. Claro que lo nuestro seguía funcionando medio bien gracias a que era restaurante aparte de pizzería y teníamos una carta variada.

Al menos en fin de semana funcionaba, sin embargo yo llevaba fatal el hecho de estar allí por las noches, que siempre atendía Gerardo y ahora tenía que ver y aguantar a  aquellos clientes noctámbulos que entraban ya con una copa de más y pedían otra hasta que había que echar mano de algún empleado para ponerlos en la calle, en fin, que no tardé ni tres meses en pensar en alejarme de todo aquello.

Cuando se lo comentaba a mi hermana Carmina y mi cuñado Elías, me comprendían muy bien y hasta llegaron a ofrecerse para echarme una mano y apoyarme en esas noches de fin de semana.

Nunca olvidaré esas tres o cuatro veces que estuvieron allí conmigo, hombro con hombro y adaptándose a un trabajo que jamás habían realizado antes, pero en el que salieron adelante y me ayudaron muchísimo no sólo física sino anímicamente.

Allí estaba Elías metiendo y sacando pizzas de los hornos, Carmina atendiendo la barra conmigo, poniendo cafés, cañas, etc., y charlando con los clientes, sobre todo cuando me veían nerviosa y estresada, echándome un capote.

Siempre nos habíamos ayudado mutuamente, en Australia y en España, pero su apoyo en esta etapa y algunas otras situaciones, no lo olvidaré nunca.

 Como no hay nada perfecto en esta vida, hubo desencuentros en algunas ocasiones, no sólo con Carmina sino con Loli también, aunque siempre nos llevamos bien y estábamos muy unidas. Aparte de pequeñas rencillas sin importancia, como pasa normalmente entre hermanas-os, el desencuentro serio que más recuerdo fue cuando se vendió el piso de nuestros padres, un piso que estuvimos pagando las tres hermanas durante años, hasta la última letra. Carmina y yo mandábamos el importe todos los meses desde Australia.

Con eso de ser la pequeña de las tres hermanas, no me incluían en gestiones o planes familiares, sobre todo cuando eran económicos. Lo hablaban y decidían entre ellas dos y luego me lo contaban. Mamá ya entonces comenzaba a tener muchas lagunas en su cabeza y no contaba en las decisiones.

Total que me comunican que han pensado en vender el piso y que nos teníamos que reunir allí las tres.

Lo que yo no sabía es que en aquella reunión ya estaba "todo el pescado vendido", o sea que lo tenían todo proyectado, desmenuzado y decidido, pero a mí no me habían consultado nada.

Es un episodio triste pero muy importante y tiene que estar en mis memorias.

Cuando llegué estaban mis hermanas esperándome y sin darme tiempo a reaccionar con la contundencia que debía haberlo hecho, me dicen que ya había comprador para el piso, pero que el producto de esa venta debía distribuírse entre ellas dos "porque era lo justo y lo que debía ser".

Yo me quedé alucinada, pero eran mis hermanas mayores y escuché sin rechistar las "razones" que me daba cada una de ellas.

Loli que ella "necesitaba" vivir sola y tranquila y se iba a comprar un piso cerca del de Carmina en Parque de Lisboa y que "necesitaba" pagarlo y amueblarlo al contado para estar tranquila. Que tenía dos hijos y "necesitaba" saber que les dejaría algo en herencia. Que ella era viuda y yo tenía un negocio que iba muy bien.

Como la veía nerviosa y creyéndose ella misma que su vida era un drama, cuando estaba claro que tenía un trabajo privilegiado de funcionaria, aunque lo llevaba fatal y estaba deseando pre-jubilarse,
y además de un sueldo tenía la pensión de viudedad y hubo etapas en las que hacía otro trabajo de media jornada cuando salía y reunía mensualmente una cantidad importante con la que vivía desahogadamente, viajaba y reservaba los mejores hoteles de cinco estrellas y vestía muy buena ropa, la que yo nunca podía comprarme con "ese negocio que me iba tan bien", Digo que era un trabajo privilegiado porque, según me contaba ella, tenía la facilidad de ponerse de acuerdo con compañeras para que ficharan en su lugar si llegaba tarde por cualquier circunstancia, ir a la peluquería en horas de trabajo, salir todas las mañanas a la cafetería a desayunar tranquilamente, en fin, que trabajaba mucho pero en muy  buenas condiciones, condiciones que no se parecían nada a las que tuvimos años atrás las tres hermanas en la gestoría. Ese sí fue trabajo duro y mal pagado. Era injusto todo lo que estaba escuchando, pero cuando quise tímidamente darle algún argumento en mi favor, como que yo también tenía dos hijos y vivía en un piso alquilado, que el local del negocio era también alquilado, etc., se puso más nerviosa aún y hasta se le saltaron las lágrimas. Me callé y empecé a escuchar las "razones" de Carmina:

"Que ella se iba a llevar y cuidar de mamá hasta el último día de su vida, (ésto al final no fue así), y que "necesitaba" vender el piso normal que tenían en Parque de Lisboa y comprar en ese mismo edificio un duplex para poder hacer un apartamento independiente para mamá en la parte de arriba.

Mi argumento fue que mamá podía vivir seis meses con cada una de nosotras dos y no tendría que hacer el gasto de la nueva vivienda duplex y yo recibiría la parte que me correspondía del piso.

No me dejó ni terminar. Se puso tan violenta que yo vi claramente que o me callaba y aceptaba todo lo que habían planeado o terminaba con mis hermanas quizá para siempre y eso para mí era más doloroso e importante, que el hecho de que me dejasen al margen de mis derechos en la venta de la vivienda familiar.

Carmina sabía que cuidar de mamá y que viviera con ellos era una carga diaria que tendría que asumir, pero también sabía que su patrimonio familiar aumentaría mucho con el duplex a la hora de venderlo, como así fue más adelante.

Con las obras que hicieron sobre plano quedó preciosa la parte de abajo y la de arriba era un apartamento completo con dos dormitorios, salón y baño y todavía quedaba espacio para una amplia azotea, en fin, una maravilla de piso que cuando lo vendieron años más tarde les dio para comprar uno en Alameda de Osuna, que era la zona donde se iba a vivir su hija y !!darles diez millones de las antiguas pesetas a cada uno de sus hijos!!, para que dieran una entrada importante en la compra de dos preciosos y amplios pisos cerca del de ellos.

En contadas ocasiones he querido sacar a relucir este asunto con mis hermanas, porque cuantos más años pasaban más injusto me parecía, pero lo sabían cortar de manera que no había posibilidad de aclarar nada y que todo podía acabar en una discusión seria y esto es lo último que yo deseaba.

Cuando ellas se han ido, yo lo he hablado con sus familias porque era importante para mí que ellos lo supieran. Por lo visto, mis hermanas no contaron a sus hijos que a mí me habían dejado al margen de esa venta. Gerardo no se lo creía cuando volví de aquella reunión y le dije lo que había. Él tenía muchos defectos pero no el de pesetero y se limitó a decirme que respetaba lo que yo había aceptado pero "que era tonta y que me había dejado envolver y dominar por mis hermanas", y tenía razón. Recuerdo cómo tuve que ir dos veces al notario para firmar la venta y también mi renuncia a los derechos sobre la misma. Y lo "curioso" es que esos dos documentos notariales a mi nombre nunca me fueron entregados. Los guardó Loli y después han aparecido. Volverlos a ver y tenerlos en mis manos me enfadó e indignó de alguna manera y esa ha sido la causa de haber querido poner en antecedentes de lo ocurrido a sus hijos y a mi cuñado Elías que, al parecer, tampoco sabía nada de este asunto. Fue una injusticia y un egoísmo increíble, aunque mis hermanas lo vieran de otra manera.

El hijo de mi hermana Loli y su familia, reaccionó de una forma generosa que yo no esperaba y que a ellos no les correspondía, pero lo hicieron y fue un detalle muy bonito que yo agradeceré siempre y que me ayudó mucho en esos momentos.

En el otro caso no ha habido reacción alguna al respecto, aunque la pérdida que han tenido ha sido tan repentina y dolorosa que no se lo tengo en cuenta. Pero es importante que se hayan enterado de cómo fueron las cosas.

El epílogo a este pasaje familiar es que yo, con 78 años, vivo en una modesta pero muy maja vivienda ALQUILADA y todos sus descendientes en casas propias en Madrid y el extranjero, acumulación de patrimonio gracias a su esfuerzo y trabajo, pero también a la ayuda recibida de sus padres.

Aunque la verdad es que la forma de vida que siempre elegimos Gerardo y yo fue la del riesgo y aventura y aunque yo hubiera sido partícipe de aquella pequeña herencia de mis padres, seguramente los años finales de mi vida serían los mismos, sin propiedades pero FELIZ, LIBRE y sin aficiones de acumular patrimonio, pero sí acumular maravillosas experiencias en viajes económicos y hoteles modestos, pero inolvidables. Algún día escribiré sobre ello. Tengo cuadernos de viaje donde narro lo más importante de esas escapadas mágicas, pero lo recordaré también en mis memorias. Ahora viajo menos porque dependo de mis ahorrillos de pensionista, pero hubo unos años que tuve trabajos muy majos y ese extra lo dediqué a viajar.

!!Y vivo a unos metros de mi hija y mis tres preciosos nietos, con los que comparto muchos de mis días y momentos!!

  Este es el mejor patrimonio que se puede tener.

                                                                        continuará...                                            



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