domingo, 25 de enero de 2015

!Fuego!



Para que no faltase de nada en aquel funesto negocio, un caluroso día de agosto se declaró un fuego en el monte de olivos y bosque bajo.

Yo estaba en Madrid y me llama Gerardo alarmado y hecho un manojo de nervios diciéndome lo que pasaba y !!que llamase a los bomberos!!.

Traté de calmarle haciéndole comprender que los bomberos tenían que acudir de Morata o Chinchón y que era allí donde había que llamar para que llegasen rápido.

Ya lo estaba haciendo Gerry y enseguida me comunicó que estaban sofocándolo y que no me preocupara.

Gerardo, que normalmente controlaba bien las situaciones difíciles, en aquella ocasión estaba realmente asustado o más bien histérico al ver que las llamas se acercaban a las zonas edificadas.

Después, cuando había pasado todo, me resultó "tierno"pensar que su llamada de socorro hacia mi, estando yo a muchos km., fue un impulso como si pudiera solucionarlo a distancia.

Desafortunadamente no fue la única vez que se tuvo que enfrentar al fuego, pero no en el monte sino en su propio cuerpo.

Uno de los grandes problemas de aquel lugar es que no había recogida de basuras del ayuntamiento de Morata, con lo que eso significaba tratándose de un restaurante donde se trabajaba mucho los fines de semana y la cantidad de basura que se acumulaba en un par de días.

En alguna ocasión se ponía de acuerdo con un hombre del pueblo que la recogía con su vieja furgoneta y la llevaba a un vertedero, pero en aquella noche fatal Gerardo pensó en quemarla y quitársela de encima. Él se quedaba a vigilar y dormir allí y cogió una pequeña lata de gasolina y echó un chorro encima de las bolsas de basura sin darse cuenta de que al retirarse había quedado un reguero de gotas hacia donde él estaba y al prenderlo, una lengua de fuego llegó tan rápido que la ropa comenzó a arder y a pesar de que se la quitó a tirones las quemaduras fueron terribles.

Estaba completamente solo y en el chiringuito de allí cerca no había nadie a esas horas. Pero tenía un aguante tremendo para el dolor y cogió ropa y unas deportivas y !!se fue andando hasta el chalet de unos clientes y amigos!! Menos mal que estaban allí y enseguida le metieron en su coche y le llevaron a Madrid, al Hospital de la Paz, Unidad de Quemados, no sin antes llamarme a mí para comunicármelo y encontrarnos allí.

Estuvo casi dos meses ingresado y solo podíamos verle a través de cristales y hablar con un teléfono.

Nunca más volvió a La Venta de Frascuelo porque aquello hacía semanas que apenas funcionaba y lo cerramos al público solo unos meses después de abrirlo.

Yo sí iba de vez en cuando porque allí comenzó mi lucha para tratar de venderlo a través de agencias y anuncios en los periódicos y cuando alguien se interesaba, me ponía en camino para enseñarlo. Unas veces con agente inmobiliario y en coche y otras, cuando era un posible comprador particular, yo solita en metro y luego autobús que iba a Morata de Tajuña pero que me dejaba en lo alto de la carretera y tenía que bajar la cuesta hasta llegar a la Venta.

No conseguí encontrar comprador que nos hubiera permitido devolver el crédito al banco y ahí comenzaron grandes problemas de todo tipo a los que tuve que enfrentarme por mucho tiempo.

                                                          Pero esa es otra historia....

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