Llegamos a Lisboa pero no pudimos ver casi nada de la ciudad porque no solo había trámites de aduanas, etc., sino que teníamos que trasladarnos con el voluminoso equipaje a la estación de tren para llegar a Madrid.
Nos dio pena dejar el barco porque habían sido cuatro semanas estupendas no solo para los papás, los niños
lo pasaron de maravilla con todos los eventos infantiles que se montaban para ellos todos días y de los que ahora apenas se acuerdan porque eran muy pequeños. En varias fiestas de disfraces ganaron primeros y segundos premios los cuatro.Tengo una fotos preciosas.
En fin, se acabaron las vacaciones en barco y ahora llegaba la realidad de enfrentarnos a la vuelta a España después de muchos años, algo siempre preocupante pero con alegría por ver de nuevo a la
familia. Nunca se me olvidará el momento de llegar el tren y ver a mamá, Loli y los niños, Carlos y Mari-Loli que habíamos dejado con 10 y 5 años y ahora eran unos adolescentes guapísimos.
Fue algo que no se puede explicar con palabras.
Los habíamos echado tanto de menos... En otra página escribiré sobre la relación de cariño tan estrecha que tuve con mis sobrinos desde que era jovencita, sobre todo con Carlos que fue el primero.
El año anterior, pensando ya en el regreso, le pedí a mi hermana Loli que mirase algún piso en una zona maja y lo encontró en Moratalaz. Eran pisos a estrenar, amplios, luminosos, colegios y todo tipo de comercios y zonas verdes, en fin, que la pobre se lo curró mucho pero eligió muy bien. Mandamos un poder a su nombre y el depósito. Era importante tener la vivienda al llegar a Madrid y poder instalarnos
porque con los baúles, maletas y cajones, era necesario.
Carmina y Elías no se quedaban en Madrid por la cuestión trabajo que era mucho más fácil en Sevilla donde estaba toda su familia y el padre había hecho gestiones para que comenzase en Maestranza Aérea
con buen sueldo y condiciones. Lo malo es que teníamos que separarnos, pero nos veríamos en verano y Navidades.
Con respecto a nosotros, Gerardo había pensado retomar su profesión de sastre y como teníamos aún el pequeño sotanito donde vivimos después de la guerra, se lo alquilamos a mamá y después de conseguir un contrato de confección para Cortefiel, compró maquinaria y organizó el taller con cuatro oficialas.
Le exigían un aval firmado de alguien con negocio solvente abierto, como garantía de la ropa ya cortada
que depositarían en el taller y la única persona que se me ocurrió fue mi antiguo jefe de la Gestoría Pons. Me daba un poco de corte pero fui a verlo y se portó muy bien. Firmó el aval y ni siquiera conocía a mi marido y además me ofreció trabajo si lo necesitaba.
Fue siempre un poco "ogro" y exigente con los empleados pero yo también veía su parte positiva y en muchos aspectos le admiraba porque era un trabajador incansable. Si había que hacer algún cambio o trabajo en grupo en la oficina él era el primero que cargaba moviendo la mesa más pesada o limpiando lo que hiciera falta. No era el jefe "señorito" que mandaba mientras miraba. Recuerdo lo que contaba mi hermana Loli, que fue su primera empleada. Llegó a Madrid de un pueblo de Lérida con cuatro duros, alquiló un pequeño despacho en el centro y hasta la máquina de escribir era alquilada.
Vivía en una pensión y supongo que con muchas estrecheces. La pequeña gestoría fue creciendo y pronto pudieron trasladarse a la calle Atocha donde estuvieron varios años y comencé yo con 18. Después vendría Lagasca y al final Gran Vía.
Volviendo a Moratalaz, Loli se había encargado también de amueblar lo más necesario del piso. Yo confiaba en ella porque tenía mucho gusto para todo y sabía que elegiría bien y era importante la cuestión muebles para poder quedarnos allí desde el primer día. Le mandé el dinero desde Australia y nos encontramos al llegar con unos sillones preciosos en el salón, nuestro dormitorio en madera lacada color marfil y el de los niños muy bonito también. Lo completamos con una hermosa estantería de pared a pared, cortinas, electrodomésticos, etc., pensando que habíamos llegado para quedarnos.
Pero no fue así...
continuará...


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