martes, 20 de septiembre de 2016

Los jardinillos y el campo de las calaveras.


En mi página anterior mencionaba "los jardinillos". Eran los años 40 y algunas tardes, para escapar de la oscuridad y permanente luz eléctrica del sotanito, mamá me decía; "Afriquina, vamos un rato a los jardinillos, me llevo algo para coser y tú juegas".

Y yo feliz, cogía mi pequeña pelota y nos íbamos a la esquina de Bravo Murillo con Cea Bermúdez donde estaba ese jardín y el Canal de Isabel II.

Detrás de ese jardincillo estaba el llamado "campo de las calaveras", un gran solar que en el siglo XIX y principios del XX, había sido "el cementerio de Chamberí", como otros muchos alrededor de Madrid.

En mi época habían sido ya extraídos los restos humanos de aquel solar pero en ocasiones, jugando entre los montículos de tierra o grupos de chavales al fútbol, aún se encontraban algún hueso o calavera, y de ahí el nombre del lugar. Además aquellos descampados habían sido testigos de luchas en la guerra civil y también se encontraban trozos de metralla y restos de artilugios bélicos que podían ser peligrosos.

A los críos de toda esa zona nos encantaba el misterio que desprendía ese campo y su nombre, pero los papás no nos dejaban jugar allí, aunque más de una vez nos escapábamos algún grupo del barrio a trotar por allí con la esperanza de vivir la aventura de encontrar alguno de esos restos y luego contarlo a los que no se habían unido a nosotros por "cobardicas".

Nunca llegamos a dar con el fúnebre trofeo, pero más de un mentirosillo contaba que había visto una calavera pero no había querido tocarla o cogerla.

Cuando estaba con mamá le pedía que me dejara dar una pequeña vuelta por el solar y ella solo me  permitía acercarme al principio, desde donde me podía ver.

He leído a través de Google que el gran actor, director y escritor Fernando Fernán Gómez, escribió un famoso artículo sobre "el campo de las calaveras" en el ABC de aquella época. Tengo que buscarlo y leerlo. Él vivió durante muchos años en la calle Álvarez de Castro y posiblemente jugase de adolescente en aquel lugar. Siempre pasaba por Feijóo hacia su casa, cuando era joven y ya famoso por sus películas y a mí me encantaba ver al pelirrojo y luego contarlo en casa.

De todo aquello han pasado ¡70 años!, toda una vida.

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