sábado, 24 de septiembre de 2016
Sobre el artículo de Fernán Gómez
Ha sido fácil encontrarlo y es genial, como todo lo que él escribía.
Lo titula "El Campo de las Calaveras" y es el último que envió a ABC de los más de doscientos que publicó desde 1972.
Murió el 21 de noviembre de 2007, día de mi cumpleaños, y el periódico lo volvió a publicar al día siguiente.
Habla de la política de aquellos "tiempos remotos" y de los partidos de fútbol de aficionados que se jugaban en aquel solar. De lo importante que era este deporte por encima de otras muchas cosas serias que ocurrían, como pasa en la actualidad.
Lo que más me gusta son los párrafos finales: "...mi tío Carlos se esforzaba en explicarme cuestiones políticas muy complicadas, pero en resumidas cuentas, lo que sacaba yo en conclusión de sus enseñanzas era lo mismo que sacaban de las enseñanzas de sus mayores los otros chicos del barrio que jugaban al fútbol y cambiaban impresiones conmigo en la calle o en el colegio: que había que meter goles, muchos goles al equipo contrario y procurar que en nuestra portería nadie metiera ningún gol.
La ética, la caridad, la historia, la convivencia, el amor al prójimo, la igualdad, la paz...eran asignaturas de adorno.
martes, 20 de septiembre de 2016
Los jardinillos y el campo de las calaveras.
En mi página anterior mencionaba "los jardinillos". Eran los años 40 y algunas tardes, para escapar de la oscuridad y permanente luz eléctrica del sotanito, mamá me decía; "Afriquina, vamos un rato a los jardinillos, me llevo algo para coser y tú juegas".
Y yo feliz, cogía mi pequeña pelota y nos íbamos a la esquina de Bravo Murillo con Cea Bermúdez donde estaba ese jardín y el Canal de Isabel II.
Detrás de ese jardincillo estaba el llamado "campo de las calaveras", un gran solar que en el siglo XIX y principios del XX, había sido "el cementerio de Chamberí", como otros muchos alrededor de Madrid.
En mi época habían sido ya extraídos los restos humanos de aquel solar pero en ocasiones, jugando entre los montículos de tierra o grupos de chavales al fútbol, aún se encontraban algún hueso o calavera, y de ahí el nombre del lugar. Además aquellos descampados habían sido testigos de luchas en la guerra civil y también se encontraban trozos de metralla y restos de artilugios bélicos que podían ser peligrosos.
A los críos de toda esa zona nos encantaba el misterio que desprendía ese campo y su nombre, pero los papás no nos dejaban jugar allí, aunque más de una vez nos escapábamos algún grupo del barrio a trotar por allí con la esperanza de vivir la aventura de encontrar alguno de esos restos y luego contarlo a los que no se habían unido a nosotros por "cobardicas".
Nunca llegamos a dar con el fúnebre trofeo, pero más de un mentirosillo contaba que había visto una calavera pero no había querido tocarla o cogerla.
Cuando estaba con mamá le pedía que me dejara dar una pequeña vuelta por el solar y ella solo me permitía acercarme al principio, desde donde me podía ver.
He leído a través de Google que el gran actor, director y escritor Fernando Fernán Gómez, escribió un famoso artículo sobre "el campo de las calaveras" en el ABC de aquella época. Tengo que buscarlo y leerlo. Él vivió durante muchos años en la calle Álvarez de Castro y posiblemente jugase de adolescente en aquel lugar. Siempre pasaba por Feijóo hacia su casa, cuando era joven y ya famoso por sus películas y a mí me encantaba ver al pelirrojo y luego contarlo en casa.
De todo aquello han pasado ¡70 años!, toda una vida.
domingo, 11 de septiembre de 2016
Teatros del Canal
Ayer he ido por primera vez a los Teatros del Canal. No pasaba por esa zona desde hace muchos años, una zona que yo transitaba de pequeña con mamá y de jovencita con las amigas y me ha sorprendido ver lo que ha cambiado.
El teatro, un magnífico edificio de grandes cubos acristalados, está justo en la esquina de Bravo Murillo con Cea Bermúdez. Precioso, cómodo y con amplias zonas interiores para pasear en los intermedios, apoyarte el la baranda que rodea las dos calles y contemplar todo lo que abarcan esas paredes transparentes, del alto techo al suelo.
Al salir del metro me emocionó ver que en la esquina de enfrente sigue estando en el mismo lugar, que tantas veces he recordado, lo que llamábamos "los jardinillos", de los que hablaré en mi próxima página aunque, como era pronto, no pude resistir la tentación de cruzar y entrar un momento.
Ahora tiene una bonita valla alrededor y sigue siendo un pequeño espacio pero convertido en un lindo jardín con la fuente en el centro, juegos para niños y todo muy cuidado, nada que ver con aquel jardinillo con un par de viejos bancos y algún arbol.Bueno, volvamos al teatro. Hacía casi tres años que no iba a ver el Ballet de Víctor Ullate, al que he seguido siempre en diferentes teatros, muchas veces con Carol, que por cierto fue a su academia de ballet cuando era una adolescente.
Fue absolutamente alucinante. Con el paso de los años se ha ido superando a sí mismo, tanto en sus coreografías como en la calidad de su compañía de bailarines de todas las nacionalidades, con una técnica y perfección increíble. Pocas zapatillas y puntas y mucho pie descalzo.
Además el programa con el que ya ha recorrido medio mundo, es bellísimo. La primera parte "Tierra Madre", con música y canciones étnicas y tribales, precioso, pero la segunda parte es que no se puede explicar, hay que verlo y escucharlo. "Pastoral" de Beethoven, que ya solo la música te pone el vello de punta, pero la coreografía de Ullate es lo mejor que jamás he visto en sus ballets.
Es el camino de la vida: la niñez, los años del despertar, la madurez hasta llegar a la vejez y la muerte, aunque la magia de la danza, como pone en el programa de mano, hace resucitar a los protagonistas en el más allá, bailando, los ancianos resurgen a la vida, trascienden y rejuvenecen.
Fue todo tan bello e intenso que salí "flotando" de allí y dando las gracias por el privilegio de poder vivir unas horas tan hermosas.Conseguí la entrada para uno de los días que bailaban la pareja invitada, Lucía Lacarra, (Zumaia, Guipúzcoa) y su marido Marlon Dino, (Albania), dos grandes primeros bailarines del Ballet de Munich y otros famosos ballets internacionales.
Ellos llevan todo el peso y magia de la Pastoral y al terminar, el teatro se venía abajo de aplausos. Tuvieron que levantar el telón varias veces y a mí me dolían las manos y todo, de tanto aplaudir.
Bueno se me olvidaba mencionar a un joven y maravilloso bailarín solista, en la primera parte de la Pastoral, "la niñez". Fernando Carratalá, increíble.
Eres un genio, Víctor Ullate y toda la compañía. Gracias.
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