domingo, 31 de julio de 2016

Festival de Almagro.


Hoy termina el Festival de Teatro Clásico de Almagro que siempre se celebra en el mes de julio. Yo fui hace unos años y es uno de esos pequeños viajes que recuerdo especialmente por lo ameno y divertido.

Fueron tres días que me depararon sorpresas y momentos que no esperaba.

Mis planes eran solo de teatro, pero hubo mucho más.

Tenía entradas para dos obras y lugares que no me podía perder. Música antigua con instrumentos medievales en el Corral de Comedias, que era lo que me interesaba, más que lo que tuvieran programado esa noche.

Es un lugar mágico, s.XVI-XVII. Está renovado pero guarda fielmente la estructura del pasado y dando una vuelta por la mañana, pasé por delante de la puerta y al ver que estaba abierta entré hacia los patios. Me encontré con una amable señora que me dijo estaban ensayando los músicos para la función de la noche y que si quería podía subir a los corredores de arriba y sentarme en los bancos a escuchar.

Se lo agradecí y pasé una hora disfrutando de esos ensayos y sonidos que salían de los bellos y extraños instrumentos. Yo solita y con todo ese precioso Corral de Comedias ante mí, completamente vacío, ¡¡solo para mis ojos!!. Por la noche volví allí, pero sentada en las sillas de abajo y rodeada de gente porque aquello estaba hasta la bandera. Dos maneras distintas de ver y sentir ese lugar.
                         

Al día siguiente tenía entrada para ¡The Royal Shakespeare Company! en la Antigua Universidad Renacentista, "The Canterbury Tales", una comedia divertida y picante de Geoffrey Chancer, s.XVII.
En la parte alta del escenario había una pantalla donde iban traduciendo al español toda la obra, pero yo sé de UNA que no tenía que perder el tiempo leyendo, jajaja.

Por la mañana me fui a pasear por la amplia y bonita
Plaza Mayor y me llevo la sorpresa de ver sentados en una terraza a los tres protagonistas de Los Cuentos de Canterbury y con eso de que UNA habla inglés, me acerqué a saludarles y decirles todo lo que me había gustado la función. Lo que no me esperaba es que los dos jóvenes y la guapa actriz negra me invitaran a sentarme con ellos. No me lo tuvieron que decir dos veces y allí estaba yo tomándome una cerveza con actores de esa mundialmente famosa compañía de teatro clásico.

Les llamó la atención mi nombre y hablamos de Madrid y Londres, que UNA conoce muy bien.En fin, una parada de lujo en mi paseo matutino. Por supuesto, antes de irme, me hice una foto con ellos que me encanta ver cuando miro ese álbum.

Próxima página más sorpresas en Almagro...

domingo, 24 de julio de 2016

El Hombre Tranquilo


Esta joya de película, "The Quiet Man", título original, la han puesto en tv esta tarde y la he disfrutado mucho porque hacía años que no la veía.


Siempre pienso que me enamoré de Irlanda cuando la vi por primera vez en la pantalla grande, por eso fue un viaje tan especial para mí cuando al final puse los pies en esta maravillosa isla, como ya conté en una de las páginas de mi blog.

Digo que es una joya de película no solo por su director, John Ford y sus increíbles protagonistas, John Wayne, Maureen O'Hara, Barry Fitzgerald y espléndidos secundarios, (todos ellos), es que es una película perfecta desde la primera escena a la última. (Oscar a la mejor película y dirección). La música celta de la banda sonora, (Víctor Young), maravillosa, y las viejas canciones irlandesas que se escuchan en diferentes escenas.


John Ford, de origen irlandés, se dice que rindió todo un homenaje a sus padres con este maravilloso film.

Rodada en Cong, de la región de Connemara, es una de las zonas más verdes y bellas de Irlanda y de ahí los paisajes y las bellísimas escenas a lo largo de toda la película.

Por lo visto hay un tour por toda esa zona para cinéfilos como yo, enamorados de la peli y de esas tierras, pero sale muy caro. El Asfhord Castle, un hotel de lujo, fue el hogar de todo el equipo durante los meses que duró el rodaje. Es parte de las paradas que se hacen en el tour y el precio por noche estará por las nubes. En fin, ya hice un viaje más modesto pero fantástico, no solo a Dublín, sino que realicé salidas a los Condados de Glendalough y Wicklow, donde pude disfrutar de los verdes paisajes, zona de los lagos, asentamientos con muchos siglos de historia, etc., y con esto me doy por satisfecha.

Por cierto, en estos días mi hija y nietos están en Irlanda, con alumnos de la academia para un curso de inglés de dos semanas, quedándose cada uno de ellos con diferentes familias irlandesas. Todos los días recibo preciosas fotos en el móvil de sus andanzas por beautiful irish land.

                          ¡¡Love Ireland!!






lunes, 4 de julio de 2016

Caín y Arenas de Cabrales.


Caín de Valdeón es una aldea con menos de setenta habitantes y el resto somos todos turistas y caminantes que van de paso.

Precioso y tranquilo lugar escondido entre montañas, dentro del Parque Nacional de los Picos de Europa.

Dormí estupendamente en el hotel y después de desayunar me fui a dar una vuelta y conocer el pueblo.

Es muy pequeño y está rodeado de paisajes idílicos. Hice fotos preciosas y al mediodía comí en un típico restaurante donde anunciaban "caldereta de cabrito" que estaba riquísima, aunque me pasé un poco y me fui a rebajarlo paseando por la orilla del río, aquel que yo veía desde el camino como una pequeña serpiente plateada y en Caín lo tenía junto a mí, sentada en una piedra, acariciando el agua.

Cogí el autobús por la tarde y los escasos doce km. que hay por la ruta, se convierten en cien km. por carretera y tardas poco más de horas en llegar a Arenas de Cabrales, por cierto que estaban en fiestas y nada más bajar del autobús veo un desfile de gaiteros tocando música de la tierra.


Total que dejé la mochila en el hotel y me integré entre los turistas y locales a disfrutar de las fiestas.

Había entoldados con bailes típicos, cata de quesos, en fin, una tarde muy bonita y que no me esperaba. Qué dulce y preciosa es la música de la gaita asturiana, así como los bailes, con sus vistosos trajes regionales.









Al día siguiente, antes de coger el autobús hacia Madrid, fui a "La

Cueva del Quesu", con visita guiada donde te explican la historia del queso de Cabrales, proceso de elaboración y la vida de los pastores de los Picos de Europa.

Todo muy interesante, pero allí sólo hay algunos quesos, fotos, etc., y aunque es una galería de cueva natural muy bonita, resulta que la auténtica cueva de maduración del queso está cerca de ésta pero no se puede visitar y sólo entran los artesanos del producto. Al salir nos llevaron hasta allí y antes de acercarnos ya te llega el fuerte olor del queso y eso que la puerta está cerrada a cal y canto.                                                                                                  Entrada a la cueva

Compré en una tienda especializada que sólo vende estos quesos, muy diferentes unos de otros pero todos con el sabor y olor característicos. Me dieron a probar algunos y me traje a Madrid uno muy hermoso para compartir con la familia.

Huele tan fuerte que te lo envuelven y preparan con un sistema especial para aislar el olor.

Antes de coger el bus comí en una terraza un poco de Cabrales batido con sidra y pan de la tierra, todo exquisito.


    Escapada que tuvo de todo, aventura, cansancio, gastronomía y descubrimiento de paisajes alucinantes.




viernes, 1 de julio de 2016

Ruta del Cares


Hace unos veinte años vi en tv un reportaje sobre La Ruta del Cares en los Picos de Europa.

Me encantaron los bellos paisajes con esos casi 12 km. de ruta entre Poncebos y Caín, por ese camino estrecho y sinuoso entre las impresionantes y gigantescas montañas de piedra.

Me preparé calzado apropiado, cómodo y con grueso piso de goma, mochila y allá que me fui.

Llegué en autobús a Arenas de Cabrales. Allí me quedé dos noches, una a la llegada y otra a la vuelta de Caín. Es un bonito pueblo del cual hablaré en la próxima página.

Me informaron que la ruta comenzaba en Puente Poncebos y por la mañana bien temprano me cogí el autobús. Está muy cerca y enseguida encontré el principio del camino desde donde se veía el Naranjo del Bulnes. Antes me compré un bonito y práctico palo con la punta de metal y el nombre grabado de La Ruta del Cares, el río que ves al fondo de los enormes precipicios y que va siguiendo nuestros pasos hasta llegar a Caín, donde ya te lo encuentras a nuestra altura y a los jóvenes que se sientan en las grandes piedras, se quitan las botas y se refrescan los pies después de la larga marcha.

Ya había pequeños grupos que comenzaron el camino conmigo. Casi todos jóvenes y adelantaban a la abuela de sesenta años. Yo iba más tranquila pero luego me los encontraba descansando más adelante y viceversa. Nos reíamos y les sorprendía verme emprender esa aventura y además sola y que se lo iban a comentar a sus madres y abuelas. Muchos de esos jóvenes hacían la ruta de ida y vuelta en el mismo día después de comer y descansar un rato en Caín. ¡¡They were young!!

También iban algunas parejas de mediana edad, pero la más veterana era yo.
 A la ida te sientes más segura porque caminas a tu derecha, pegada a la pared de la montaña, pero cuando te cruzabas con los que hacían la ruta a la inversa, a veces teníamos que pararnos con la espalda apoyada en la pared  para dejarlos pasar. Era bonito porque todos nos saludábamos y cruzábamos alguna frase de ánimo sobre la marcha.

Mucha agua y un sandwich de vez en cuando, ayudaban a seguir el interminable camino de tierra y a veces pedregoso. También el pararte a mirar y admirar todo lo que te rodeaba. Yo estaba alucinada cuando en esas paradas, sentada en alguna roca, levantaba la cabeza hacia las paredes de piedra a mi derecha, cuyos infinitos picos parecían tocar el cielo, o asomarme con mucho cuidado a esa también infinita bajada hasta el hilo de río que se podía divisar desde allí.

Qué espléndidas bellezas tiene la naturaleza escondidas aquí y allá. Era como ir por dentro de una gran grieta de los Picos de Europa, ("La Garganta Divina"), y contemplabas ante tus ojos kilómetros de ese camino de poco más de un metro de ancho, serpenteando entre las montañas y sabías que te quedaba eso y mucho más. Es  tan impresionante y espectacular que no te importa el esfuerzo que va a representar recorrerlo.

 La abuela aventurera y valiente seguía adelante sin prisa pero sin pausa, apoyada en ese estupendo palo, parecido al que llevaban casi todos los caminantes. Aún lo conservo en casa, para cuando se anime alguno de mis nietos. Las primeras etapas fueron fáciles, pero cuando tus piernas y pies llevan ya varios kilómetros a la espalda, vas notando el cansancio, prolongando las paradas y mirando los letreros para ver cuánto falta y reservar tus fuerzas.

Lo peor fueron los dos últimos km. porque el cansancio era ya notable y cuando vi las primeras casas de Caín fue como el náufrago que avista tierra.

Allí había sólo dos albergues y un hotel de montaña. Me paré en el primero que encontré y no había ni una habitación libre y en el segundo tampoco. Le comenté mi preocupación al joven de la barra donde me tomé un refresco y un aperitivo y me comentó que no me preocupase porque los albergues, que son más baratos, se ocupan enseguida, pero que el hotel seguro que tendría plazas libres y fue tan majo, (y me vio tan cansada), que me dijo: "señora, si no fuera así y estuviera completo, vuelva aquí que mi madre se ocupará de arreglarlo para darle una habitación".

Me llegó al alma y por la noche, después de comer, ducharme y echarme una buena siesta en la bonita habitación que efectivamente pude ocupar en el hotel, me fui allí a cenar y darles las gracias de nuevo por su amabilidad.

En fin, que salí de Asturias y me encontraba en León y que a pesar del esfuerzo y cansancio no cambiaría por nada las horas que viví y disfruté en esa ruta. Nunca olvidaré toda la belleza agreste que contemplaron mis ojos.


      En la próxima página, Caín y Arenas de Cabrales.