...es el slogan de los dublineses para definir su bonita ciudad.
Tuve casi tres días completos para descubrirla y, !pardiez! que lo hice.
No recuerdo el orden en que visité tantos lugares diferentes e interesantes, pero todos los guardo en mi corazón.
El primer día entre el vuelo con "Aer Lingus", instalarme en el Hotel Isaacs y comer estupendamente en un pub cercano, sólo pude aprovechar la tarde y parte de la noche, pero bien, bien aprovechadas.
El hotel estaba muy céntrico y me fui a bajar la comida caminando por el paseo entarimado del río Liffey, (el que trajo a los Vikingos hace más de 1000 años y que menciona James Joyce en las primeras páginas de "Ulisses".
Es un paseo muy bonito y con un gran velero atracado en la orilla.
Después me fui hacia la arteria principal de la ciudad con su gran obelisco metálico, "The Spire", que era mi guía para saber que al llegar a él y a la estátua de Joyce, era la calle que me llevaba al hotel. Sus tiendas, sus pubs, su alegría y las luces de Navidad que ya brillaban por toda la ciudad a pesar de estar sólo en la segunda semana de noviembre,
Pregunté en el hotel dónde podía escuchar música irlandesa en vivo y me recomendaron ir al Arlington Hotel donde en su "Knightsbridge Bar" había todas las noches Live Music&Dancing, auténtico folklore celta y para allá que me fui en un taxi porque empezaba a llover.
Nunca olvidaré las horas que pasé allí y cómo las disfruté. El ambiente era fantástico y aunque iba sola, estos irlandeses son tan majos que la gente de las mesas de al lado se ponen a charlar contigo y te animan a que cantes con ellos y el grupo que actuaba.
Era un grupo de mediana edad, los "Shandy Folks" y les pedían diferentes canciones populares. Tocaban y cantaban de maravilla y dedicaron a la "spanish lady" la preciosa y antigua canción "Danny Boy" que les solicité.
Y después llegó lo mejor, el grupo de jóvenes con su difícil y precioso Irish Dance. Es un baile único y bellísimo. También agotador y se turnaban de cuando en cuando. Con sus trajes típicos, ellos y ellas, yo me quedaba alucinada mirándoles los pies y con ese cuerpo recto y esa música tan especial.
Qué ambiente alegre y cordial. Y me tomé !una pinta de Guiness con chips! Nunca olvidaré esas horas.
Al día siguiente me levanté temprano para coger el "Hop on-Hop off bus" en el que te subes y bajas cuando quieras en los lugares que más te interesen y vuelves a coger otro que sigue recorriendo toda la ciudad hasta las seis de la tarde y pasan cada 15-20 minutos.
Mi primera parada fue en el Trinity College. El campus, con su gran esplanada de cesped y sus cientos de bicis aparcadas, el majestuoso edificio que no pude visitar por dentro porque era día de clases, pero sí la increíble biblioteca con su "Long Room" y esas estanterías infinitas con miles y miles de libros, donde se rodaron varias escenas de Harry Potter. Absolutamente impresionante.
Después vi por casualidad desde el autobús, al pasar por la National Gallery of Ireland, que había una exposición con obras de Munch llegadas de todo el mundo. Me bajé y pude contemplar la extensa obra de este pintor.
No muy lejos estaba la zona en que se encuentran las calles con las famosas y preciosas casas con las puertas cuidadosamente pintadas de diferentes colores y tonos. Es tan típico y bonito que se considera uno de los lugares de visita obligada. Tengo fotos preciosas.También por casualidad y antes de volver a coger otro autobús, veo un pequeño jardín vallado con la escultura de Óscar Wilde, recostado sobre una roca y enfrente del jardín la casa donde vivió, aunque no se puede visitar porque ahora es una empresa y no la han conservado como casa-museo.
El día iba pasando rápido y pronto a oscurecer. Dejé para el día siguiente el resto que me quedaba en la lista y cogí uno de los últimos autobuses que me dejó cerca del hotel donde cené y prontito a la cama para madrugar al día siguiente en el que me esperaban también cosas interesantes que descubrir en esta increíble ciudad.
"Si puedo llegar al corazón de Dublín, puedo llegar al
corazón de todas las ciudades del mundo"
James Joyce






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