domingo, 22 de noviembre de 2015

Millon years ago...


...es el título de una preciosa canción incluida en el último CD de Adele.

Me lo regalaron ayer entre otras muchas cosas y la letra, cuando se han cumplido 79 años, parece recorrer parte de tu propia vida.

Fue un pequeño gran día, alrededor de la tabla redonda, pero sin guerreros ni espadas, solo cariño, amor y buen rollo, allá donde se posaran mis ojos.

Una página corta, una horas puntuales de una vida larga, un cumpleaños feliz, feliz...

             
       Y como decía aquella otra vieja canción:

                               Gracias a la vida, que me ha dado tanto... (y me lo sigue dando).

jueves, 19 de noviembre de 2015

De Tesoros, Mezquitas y Bazares.


Los dos últimos días en El Cairo fueron moviditos y con un final inesperado.

Antes de visitar el magnífico Museo Nacional, nos llevaron a la Mezquita de Alabastro, llamada así porque gran parte del exterior e interior es de mármol de alabastro, aunque su verdadero nombre es Mezquita de Mohamed Alí, una maravilla.

Había que entrar con un velo en la cabeza y como nos lo había comentado el guía, todas las chicas llevábamos pañuelos para no tener que coger uno del gran cesto a la entrada y que habían estado sobre muchas otras cabezas porque se volvían a dejar allí a la salida.

Qué contrastes tan enormes hay en estos países árabes. Sales de un lujoso hotel de cinco estrellas, de una bellísima Mezquita, todo limpio y brillante y cuando necesitas, más o menos urgentemente, un toilet, como nos pasaba a todas después de la larga visita, resulta que sólo hay uno público allí cerca, te pones a la cola y cuando entré tuve que salir corriendo porque las condiciones eran prehistóricas y el único remedio es aguantar y esperar a llegar al restaurante donde íbamos a comer.

Estas negativas experiencias las tuve en los diferentes países árabes donde viajé.

¿Cómo pueden los gobiernos cuidar de sus monumentos para que los visiten miles de personas y abandonar por completo algo tan básico y necesario como los servicios públicos?

En fin, todo se arregló en el bonito restaurante típico donde comimos estupendamente.

Y nos esperaban horas que yo siempre califico de mágicas cuando te adentras en un lugar como el Museo Nacional de El Cairo donde vas de asombro en asombro descubriendo objetos milenarios e históricos.

La segunda planta está totalmente dedicada a Tutankamón, sus tesoros, sarcófagos y las enormes cajas que los guardaban.

Hay una gran sala con la famosa máscara que cubría la cara del joven, 19 años, y bello faraón, al que asesinaron a tan temprana edad, (30 kg. de oro macizo, lapislázuli y turquesas), y todas las joyas que adornaban su cuerpo: collares, pulseras, brazaletes y anillos. Todas de oro y piedras preciosas.

En las vitrinas, letreros, datos y
notas en inglés explicando los detalles que no todo el mundo podía leer, (pero yo sí, ja, ja).

Los compañeros llamaban a la "senior" del grupo para que les aclarase un montón de cosas y yo, muy chula y condescendiente, se lo leía y todos tan contentos.

Lo que hay dentro de aquel museo es para verlo, no para contarlo.

El último día lo dedicamos a visitar una fábrica de maravillosas alfombras, pero sobre todo a caminar por el Gran Bazar El Khalili con el guía al que no perdíamos de vista porque aquello es un laberinto inmenso y donde se pasa el tiempo sin sentir.

Allí compré tres conjuntos árabes para mis niños y una pasmina para Carol y otra para mí, pulseras con el escarabajo de la suerte y pequeñas cosas de recuerdo.

Después al hotel porque salíamos muy temprano hacia el aeropuerto.

Teníamos una cena-buffet especial de despedida en el precioso comedor. Yo, que tenía apetito porque habían pasado muchas horas desde la comida, no me privé de nada y eso tuvo consecuencias.

Este es el final inesperado del que hablo al principio. A mitad de la noche empiezo a sentir dolores estomacales fuertes y tuve que llamar a recepción.

Me mandaron un médico que me puso dos inyecciones pero apenas me mejoraron y me dijo que con esa gastroenteritis no estaba en condiciones de viajar.

Llamé al coordinador de la compañía que subió a la habitación y me dijo que no me preocupase y que él se ocupaba de cambiarme el vuelo a la tarde-noche, que me lo dejaría en recepción y vendrían a buscarme y mientras yo podía seguir en cama unas horas más.

Poco a poco mejoré bastante y pude realizar ese viaje, aunque el vuelo se me hizo largo y estaba deseando llegar a casa.

Esto fue lo único negativo de este bonito viaje, pero ocurrió al final del mismo cuando ya había disfrutado de todo y no me tuve que perder nada, sólo llegar unas horas más tarde a Madrid.


         Todo merece la pena en viajes como este.






miércoles, 18 de noviembre de 2015

La tristeza de la Esfinge...



...que me estoy imaginando sola en aquel desierto con la única compañía de las Pirámides a su
espalda.

Después del terrible episodio del avión que se estrelló en el Monte Sinaí poco después de despegar del aeropuerto de El Cairo el pasado mes de octubre, se han cancelado miles de reservas de todo el mundo y los turistas que quedaban allí, han sido repatriados en cuanto se supo que había sido un atentado terrorista.

Ya comenté en mi página sobre Túnez la pena que me da lo peligroso que es viajar a esa zona en la actualidad.

Yo tuve la suerte de hacer esos viajes cuando todo era normal y tranquilo. Son países que viven principalmente del turismo y ahora se encuentran con el problema del miedo de la gente a visitar lugares donde el yihadismo puede actuar en cualquier momento.

En fin, seguiré narrando mis últimos tres días en la ciudad de El Cairo.

Salimos por la mañana hacia Giza y en esa zona increíble pasamos todo el día.

Primero paramos junto a las Pirámides, Keops, Kefrén y un poco más alejada, Micerinos, las tres únicas que quedan, aunque en su época, hace miles de años, eran más de setenta, pero las asaltaban y destruían para buscar los tesoros de las tumbas de los faraones y también para llevarse las piedras ya cortadas en grandes cuadrados y utilizarlas para construir palacios, casas de nobles y gente importante y con poder y así evitar tener que hacerlo a través de las canteras de granito.

Todo esto nos lo explicaba el guía, que por cierto fue muy majo y cuando vio que no llevaba gorro para protegerme del sol, (hacía mucho calor), sacó un pañuelo largo blanco de los varios que tenía envueltos en bolsas de celofán y me lo puso en la cabeza a modo de turbante, en un momento y con una maña que me quedó estupendo y ya no me lo quité hasta volver al hotel por la tarde.

Pero volvamos a las Pirámides. Cuando las veo aparecer ante mí, grandiosas, impactantes, no me lo podía creer, después de verlas tantas veces reproducidas a lo largo de mi vida, allí estaban reales, vivas y yo junto a ellas, tocándolas, mirándolas como si fuera un sueño del que iba a despertar. Qué emoción, casi se me saltan las lágrimas.


La visita incluía la entrada en una de ellas, (Kefrén), hasta la tumba del faraón. Nos avisaron de que el techo era muy bajo y había que caminar un poco encorvados y también que la temperatura en el interior pasaba de los cuarenta grados.

Yo deseaba tanto hacerlo que me aventuré y entré con los demás en fila india, pero no había caminado más que unos metros cuando la prudencia me sopló al oído que no siguiera adelante y me di la vuelta uniéndome a la fila de los que salían sudorosos y deseando respirar aire puro. Luego me comentaron los compañeros del grupo que hice muy bien en volverme, que habían pasado un calor terrible.

Nos dieron tiempo libre para hacer fotos y disfrutar de todo aquello antes de subir de nuevo al minibús para acercarnos hasta la Esfinge.

Otra maravilla que me impresionó mucho. Qué bonita e inmensa, con su cuerpo de león y su cara achatada y deteriorada por las !!bombas con las que quiso destruirla Napoleón!!, es una de las leyendas o teorías, como nos contaba el guía.

Está rodeada de un camino vallado y en alto, para poder dar la vuelta completa alrededor de ella y poderla contemplar desde todos los ángulos.

En aquellos años yo llevaba una cámara de las antiguas con carrete y esos carretes volaban sin sentir. Recuerdo que me llevé siete a Egipto y tuve que comprar más allí.

Un día verdaderamente inolvidable. Me dio tanta pena marcharme de allí...

Sabes que no volverás a ver esas joyas de la historia, así que las miraba y miraba despidiéndome de ellas.

                                                           continuará...