Continúo con los años 80.
Gerry había terminado los dos primeros años en la Universidad de St. Louis en Madrid y llegaba el momento de salir hacia Missoury para hacer el último año en EE.UU.
Pero no fue así. Él y la compañera de estudios con la que salía, se pusieron de acuerdo para ir a la Universidad de Loyola en Nueva Orleans. También era de los Jesuítas, pero mas elitista, con mucho prestigio y más cara que la de St. Louis.
Gerardo y yo no estábamos de acuerdo con el cambio, pero nuestro hijo se encargó de convencernos y nosotros, pensando que sería un año, como la otra universidad, aceptamos aunque con la preocupación de la cuestión económica.
A Gerry no sólo le atraía el prestigio de Loyola University sino lo interesante y divertido de una ciudad como New Orleans, tan interesante y divertida que sus estudios allí se dilataron hasta tres años en vez de uno.
Resulta que esa Universidad exigía ya de entrada unas notas y créditos mucho más altos que St. Louis, pero nosotros no supimos nada de ese problema hasta que Gerry había ingresado y ya no había vuelta atrás.

Fue una maravillosa experiencia para él, (con sus luces y sus sombras), y para nosotros un esfuerzo económico importante pero nos dio la oportunidad a Carol y a mí de conocer esa increíble ciudad, diferente a todas las que existen en EE.UU. Estuvimos dos veces, una para visitarle y la otra para la graduación que fue muy bonita al estilo de ese país, con toda la "pompa y circunstancia" que allí se acostumbra. La iglesia de estilo gótico como todo el edificio, impresionante y bellísimo.
Está situada en St. Charles Av., una preciosa calle por donde pasan los típicos tranvías y con impresionantes mansiones antiguas a lo largo de toda la avenida.

Luego está la parte más antigua y típica de la ciudad y la famosa calle y zona de Bourbon St. donde desembocan todos los turistas, llena de restaurantes, bares con música en directo a todas horas, bandas y niños afroamericanos bailando en las calles, en fin, un ambiente inenarrable, hay que vivirlo en directo y por la noche ya no hay palabras, allí no para la juega las 24 horas del día.
Sus preciosos cafés, tiendas de antigüedades, su market con las frutas más exóticas y coloridas y en los bares y restaurantes unos platos, casi todos de sabor fuerte y picantes, pero exquisitos, sobre todo el famoso "cajún" y los enormes y riquísimos cangrejos.

También estuvimos en el famoso "Preservation Hall", la cuna del jazz y conservado exactamente igual que cuando lo abrieron en el s.XIX.
Allí estuvo Louis Amstrong cuando era muy joven y allí estuvimos escuchando auténtico jazz, sentados en unos viejísimos bancos de madera y otros de pie porque es un lugar pequeño pero con solera y muy interesante.

De New Orleans se podría estar escribiendo páginas interminables porque es todo un mundo desconocido y por descubrir a cada paso que das.
El río Mississippi, tan inmenso que parece un mar. El desastre posterior cuando el huracán Katrina en que se desbordó, destrozó parte de la preciosa ciudad, aparte de los cientos de víctimas. Parece ser que la han reconstruído pero yo pienso que no volverá a ser la misma New Orleans que conocimos.
Recorrimos el Mississippi en el más antiguo barco, el "Natchez" y fue una gozada. Te parecía estar en una de esas películas donde los tahures se jugaban grandes fortunas a las cartas en sus mesas de juego.
Pero la experiencia más intensa que recuerdo fue en los pantanos.Es un hecho de la naturaleza tan fascinante que es casi imposible describirlo.
Por una afortunada casualidad llegamos tarde a la cita con el barco que nos llevaría a través de los pantanos y algunos de los que organizaban esas excursiones nos ofrecieron, sin coste adicional, llevarnos en una lancha extraña que yo jamás había visto antes, plana por completo por la poca profundidad de las aguas y con una enorme hélice en la parte de atrás, hasta alcanzar el barco. Nosotros aceptamos encantados y agradecidos. Y allí comenzó a toda velocidad la experiencia con más adrenalina de toda mi vida. Agarrados a nuestros asientos, aquello volaba más que navegaba, entre los centenarios árboles del pantano. Yo no me creía lo que estaba viviendo y el conductor de esa "cosa", tan tranquilo en su asiento alto delantero y su perro a su lado, también tranquilo y disfrutando de la carrera en la punta de la lancha.
Alcanzamos al barco, realizamos el "abordaje" y ya todo fue más lento y normal. No llegamos a ver ningún cocodrilo pero sí muchas aves exóticas que sólo habitan allí, además de sonidos extraños como se oyen en las selvas de las películas. A veces todo era tan denso y oscuro que impresionaba y pasábamos por lugares donde se veían especie de cabañas de madera y alguno de sus habitantes mirándonos con cara de pocos amigos. Esos extraños habitantes de los swamps, nos comentaba Gerry, no salían nunca de allí, eran solitarios y por lo visto peligrosos. No dejaban acercarse a nadie y vivían bajo sus propias leyes. En fin, un mundo alucinante, extraño y diferente.Al volver nos quedamos a cenar en un bar junto a los pantanos, donde servían comidas "típicas" del lugar, como cocodrilo y bichos parecidos. El caso es que era muy blanco, sabía a carne y estaba muy rico.
Al final, el hecho de que Gerry fuese a estudiar a New Orleans tuvo sus condicionantes negativos pero también positivos y Carol y yo pudimos conocer un lugar único. Además allí conoció a Charlie que compartía casa con Gerry y comenzaron una relación que duró muchos años. Se casaron y tuvieron tres preciosos hijos. !!!Mis nietos!!!
Pero esa es otra historia...








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