jueves, 17 de julio de 2014
Nuestro holandés errante...
...se llamaba Fredy y fue el estudiante de intercambio que llegó de Holanda después de salir Gerry hacia EE.UU.
Teníamos que recogerle de la sede de Yforum y llegamos un poco tarde. Y allí estaba, sentado con cara de preocupación porque todos los demás ya se habían ido con sus familias de acogida y no sabía qué pensar.
Era el chaval más guapo que había visto en mi vida, muy alto, rubio, con los ojos azulísimos y cuerpo de atleta. Hacía mucho deporte, sobre todo bicicleta y por eso eligió Madrid, porque sabía que esta ciudad no era llana como su tierra y podría subir por carreteras empinadas, la sierra, etc.
Traía su estupenda bicicleta de carreras bien embalada, la subimos en el coche y nos disculpamos por la tardanza. Hablaba poco español pero al principio nos entendíamos en inglés.
Era inteligente y con una gran personalidad. Le habíamos matriculado en el Instituto Calderón de la Barca, ( curiosamente el mismo donde van ahora mis nietos), para hacer el último curso de BUP.
Recuerdo lo asombrosamente rápido que se adaptó a todo. El primer día le acompañé yo al Instituto y al día siguiente ya se fue él solo sin problema ninguno de despistarse por el camino. El español lo hablaba en un par de meses y lo entendía todo en las clases. Al final del curso aprobó todas las asignaturas con buenas notas, incluso la de lengua, en fin, alguien muy especial al que cogimos mucho cariño.
Se llevaba muy bien con Gerardo y le encantaba estar en la pizzería con él. Conmigo también conectó muy bien desde el primer momento y especialmente con Carol. Se llevaban muy bien y salían con amigos comunes y al final de aquel año ya eran más que amigos, tanto que cuando llegó el momento de volver a su tierra, ya hablaba él de regresar pronto a Madrid.
Y así lo hizo poco después. Comenzó una relación muy bonita para los dos que duró bastante tiempo.
Carol, por entonces, daba clases de inglés en diferentes academias y empresas. Ya tenía en la cabeza poner ella una academia cuando pudiera ser.
Y no tardó mucho en conseguirlo. Vivíamos en el primer piso encima de la pizzería y ella pensó que era el ideal porque daban las ventanas a una calle principal y muy concurrida como es General Ricardos. Además había un piso libre en el tercero y nos podíamos trasladar enseguida y dejarle a ella el primero.
Así fue como con 22 añitos, en 1987, abrió su "The English Academy", siempre con profesores nativos y titulados que tuvo éxito desde el primer momento y el prestigio de un sistema de enseñanza del idioma inglés, auténtico.
Y en esa profesión continúa después de 27 años, ahora en un local amplio y moderno en un edificio empresarial, un poco más arriba, en la zona de Oporto.
continuará...
martes, 15 de julio de 2014
...y la vida continúa...
...en Madrid. El negocio iba bien y cada día más asentado, aunque hubo problemas que se fueron solucionando, con la licencia de apertura, alguno de los empleados, en fin, la lucha diaria que todo el mundo tiene para salir adelante, seas autónomo o trabajes por cuenta ajena.
Gerry terminó el B.U.P. y como observamos que iba perdiendo la fluidez y spelling del inglés, empezamos a pensar en que un intercambio para estudiar un año en Inglaterra o EE.UU. le vendría muy bien y yo empecé a informarme sobre cursos en esos países cuando no había apenas programas ni organizaciones que se ocupasen de ese tema.
Yforum era uno de ellos o quizá el único en aquellos años y bastante asequible porque ellos se encargaban de intercambiar estudiantes y a nosotros nos enviaban también a uno-a de algún país de Europa para vivir en familia y estudiar en Madrid durante un año.
Gerry estaba entusiasmado con la idea pero insistió en solicitarlo para EE.UU. y si era posible Arizona.
Siempre le gustaron mucho los caballos, sabía montar y le llamaba la atención esa zona de "indios y vaqueros".
Empezaron las gestiones y papeleos, por cierto muchos, porque eran muy estrictos en todo lo que se refería a las familias de acogida y visitaban las casas con entrevistas y preguntas de todo tipo. Esto era tranquilizador porque sabías todos los detalles de dónde iba tu hijo y también la otra parte se enteraba a
dónde venía el suyo en todos los aspectos. Hasta nos intercambiábamos cartas y fotos con la otra familia.
Gerry consiguió lo que quería y su destino fue Prescott (Arizona), condado de Yavapai, una ciudad pequeña pero con mucha historia de tribus indias y la primera donde comenzaron los rodeos. Además la familia vivía en un precioso rancho pero no muy alejado del High School donde él tenía que hacer el último curso.
Fue una buena experiencia que nunca olvidará. Además la familia era estupenda y más adelante hasta vinieron a Madrid para conocernos y aún sigo manteniendo correspondencia con ellos de vez en cuando. Tienen dos hijos y el más joven, Brian, de la edad del nuestro, vino a pasar unas vacaciones con nosotros y siguen en contacto. Ahora ya casados y con familia.Cumplió allí los 18 años y cuando terminó el curso nos habló de un examen, (A.C.T.) que podía hacer en Prescott y si lo aprobaba, seguir en Madrid los estudios en inglés en una Universidad privada, (St. Louis University). Yo fui a informarme y efectivamente podía realizar lo que llamaban "Bachellor en Marketing Empresarial" en tres años, dos aquí y graduarse el último en St. Louis (Missoury). Nosotros que pensábamos en la Universidad Pública, sabíamos que esto nos iba a traer muchos gastos extras, pero
que se abriría mejor camino con un título de Universidad americana, así que hice todas las gestiones y se matriculó para comenzar al volver.
Más adelante contaré la aventura de sus estudios que fueron más largos de lo previsto y en otro lugar de EE.UU.
Próximo capítulo "Nuestro holandés errante"
martes, 8 de julio de 2014
De nuevo en Madrid.
Esta es la Iglesia de San Miguel y muy cerca de ella es donde cogimos el local para montar el restaurante-pizzería.
Nos trasladamos desde Valencia el verano de 1982 cuando los chicos terminaron el curso en los colegios y enseguida encontramos uno concertado para que Gery empezase secundaria y Carol Jardín de Infancia en un centro de Formación Profesional. Ya entonces le gustaba la enseñanza a niños sin saber que era la profesión que iba a seguir a lo largo de muchos años, pero con la lengua inglesa.
Al principio nos metimos en la compra de un amplio y precioso piso junto a la Glorieta de Marqués de Vadillo en el que vivimos menos de un año porque eran pagos muy altos y el arreglo y montaje del local no nos lo permitía, así que aprovechamos la ocasión de coger un piso que se quedó vacío justo encima del local, lo cual era comodísimo y mucho más económico.
Tardamos más de tres meses en verlo todo terminado y montado pero quedó precioso. Contratamos el personal necesario que ampliábamos los fines de semana.
La apertura fue todo un éxito porque es una zona pobladísima y no había ninguna pizzería por allí. Además aparte de pizzas teníamos una carta muy variada y de calidad y esto fue de boca en boca por todo el barrio y los fines de semana los clientes tenían que esperar un buen rato hasta tener mesa. Pero también funcionaba muy bien los días de diario. Trabajábamos mucho pero los resultados eran muy buenos.
La familia estaba muy contenta al ver cómo nos iba todo y además nos reuníamos con mucha frecuencia.
De vez en cuando iban por la pizzería y les encantaba todo, el lugar, la decoración rústica y acogedora, el ambiente y !!la comida!! que era muy variada y rica, rica.
Carol y Gery también iban con sus amigos y estaban muy contentos con su nueva vida en Madrid.
Se llamaba "POPA'S PIZZA" porque tomamos el nombre de una famosa pizzería de Melbourne, donde íbamos mucho con la familia y amigos.
continuará...
sábado, 5 de julio de 2014
Olvido en página anterior.
En esa página de la Navidad de 1.981, en la que nos trasladamos a Madrid y Sevilla para pasar un par de semanas con la familia, ocurrió algo serio e importante durante el viaje, poco antes de llegar a Madrid.
Era un día lluvioso y la carretera estaba fatal. Además el ambiente era tenso y no había muy buen rollo entre Gerardo y yo porque le había avisado en varias ocasiones de que condujese con cuidado por el mal estado de la carretera. A él todo lo que no fuera llevarle la razón, le molestaba, pero yo iba muy preocupada porque él apenas había desayunado y sin embargo paró varias veces a tomar unas copas y café solo, mientras que los niños y yo tomábamos algo caliente con bollería o tostadas, pero por más que le dije que desayunara bien, él ni caso, así que su cuerpo y sus reflejos no estaban lo que se dice a punto.
Esto, más de la velocidad prudencial y la calzada mojada, hicieron todo lo demás.
Yo le decía con tacto para no enfadarle, pero mirando de reojo el reloj que marca los km., que no teníamos prisa por llegar y que fuera más despacio, pero a estos comentarios él respondía acelerando más, así que terminé por cerrar la boca, pensando sobre todo en nuestros hijos que iban atrás y también preocupados y un poco asustados por el cariz que estaban tomando los acontecimientos.
De pronto, en una curva a la izquierda, tomada muy rápida, el coche empezó a derrapar hacia el lado contrario de la carretera y Gerardo que vio que perdía el control nos grita: "!agarraos que volcamos!".
Y dicho y hecho. Vuelta de campana, y en esos segundos de terror, que no sabes cómo pueden terminar, yo me recuerdo a mí misma diciendo a los niños: "no os asustéis que no va a pasar nada!".
La sensación, cuando está ocurriendo, es imposible de explicar o describir y cuando te ves boca abajo tu único pensamiento es sacar a los niños de allí, salir como sea porque en mi cabeza estaba la posibilidad de que el motor pudiera explotar y arder en llamas.
El coche quedó, más o menos, como el que he puesto en la imagen. !!!Y salimos los cuatro ilesos, sin un rasguño!!!.
Fue un auténtico milagro. Gerardo salió el primero por la ventanilla y sacó a Gerry, pero Carol estaba atrapada por el respaldo del asiento y no se podía mover y yo, como si alguien me dijera lo que tenía que hacer, metí el hombro justo en el punto que hizo de palanca y enseguida la sacó su padre. !!Y yo fui la última "que abandonó el barco"!!.
Los cuatro sin un solo arañazo y lo curioso es que llevábamos en la parte de atrás un montón de cosas y dulces de Navidad, algunos de ellos frascos de cristal con fruta en almíbar que se rompieron y junto a Carol había muchos cristales que podían haberle hecho daño. Como digo, un susto terrible pero nosotros sanos y salvos que era lo más importante. Gery hasta salió con sus gafas puestas y no se rompieron.
Enseguida pararon algunos coches y le ayudaron a Gerardo a darle la vuelta y ponerlo bien. También nos dijeron que avisarían a la guardia civil para que mandasen una grúa.
Y esta fue la segunda parte del día. Pasaba el tiempo y allí no llegaba nadie. No sabemos por qué, el caso es que Gerardo, que lo mismo era un desastre para unas cosas, pero efectivo y decidido para otras, se puso a mirar el motor y el coche que tenía los guardabarros pegados a las ruedas y con algunas herramientas consiguió separarlos, miró el motor, probó el contacto y arrancaba perfectamente, así que comenzamos a limpiar y quitar en bolsas todo lo que se había roto, lo pusimos en el maletero para tirarlo y como ya se estaba haciendo de noche, nos metimos en el coche y medio escacharrado, pero funcionando, llegamos a Madrid.
Cuando se lo contamos a mamá y Loli, no se lo podían creer.
Era 24 de diciembre, día de Nochebuena y el milagro de Navidad se había producido.
Al día siguiente no había ningún taller abierto, pero después lo llevó Gerardo y lo repararon todo en pocos días y con ese mismo coche llegamos a Sevilla a pasar la Nochevieja con Carmina, Elías y los chicos.
Como he contado en otros capítulos de Australia, tuve muchas experiencias de accidentes de coches con el conductor temerario que tenía por marido, pero este fue el peor de todos. Eso sí, milagrosamente nunca hubo víctimas.
Por eso, al ver que mis hijos estaban bien y nosotros también, me tragué y dominé la indignación y el mosqueo que tenía por aquel terrible accidente que podía habernos costado la vida y que pudo haberse evitado con un poco más de responsabilidad y sentido común.
continuará...
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