sábado, 21 de junio de 2014

1.981-1.982




Seguíamos con nuestro negocio en la playa y el bonito chalet enfrente, y en muchos aspectos nos gustaba la vida allí, mucho trabajo pero también disfrutábamos de cosas y entorno que no teníamos en Madrid y sin embargo siempre pensábamos en volver. La gente de allí era maja, pero había de todo y en muchas ocasiones te sentías como ese forastero que no encajaba entre el paisanaje valenciano, y la lengua era una de las causas. Los chicos lo aprendieron enseguida pero nosotros nos entendíamos en castellano y en aquel lugar todos los negocios estaban regentados por valencianos y siempre había bromas más o menos pesadas y tiras y aflojas, en fin, que estábamos bien pero no lo suficientemente cómodos a la hora de sociabilizar con todo el mundo y sabíamos que no nos íbamos a eternizar allí.

En Navidades cerramos y fuimos a pasar esos días con la familia, primero en Madrid y luego en Sevilla.

Visitando a la familia de Gerardo vimos un local cerrado en la mejor zona comercial de General Ricardos y pensamos que sería ideal para poner allí un restaurante-pizzería.

En aquellos años no había apenas pizzerías en Madrid salvo un par de ellas en el centro y podía ser algo que funcionase muy bien, el caso es que hablamos con el dueño y nos lo enseñó. Había sido una joyería durante muchos años, así que era un local al que había que montar de arriba a abajo y llevaría muchos gastos, pero no dejamos de pensar en la posibilidad de llevarlo adelante, sin prisa pero sin pausa.

La familia se alegró de que tuviéramos planes a corto plazo para volver a Madrid.

Cuando volvimos a la playa comenzamos a realizar gestiones durante los siguientes meses y a dejar correr la voz de que traspasábamos el restaurante y tantear la venta del chalet.

Queríamos aprovechar los meses que faltaban hasta el verano en que Carol y Gerry terminaban los cursos en los distintos colegios. A ellos les gustaba la idea de volver a Madrid, eran adolescentes y aquel lugar era bonito y animado en verano, pero en invierno un poco solitario y aburrido a excepción de los fines de semana.

El caso es que conseguimos vender el chalet y el restaurante se lo traspasamos a una familia belga que se había encaprichado de él. Tenían mucho poder adquisitivo y vivían en un precioso barco que tenían amarrado en el puerto deportivo.

Próximo capítulo "Popa's Pizza"...


sábado, 14 de junio de 2014

Esplendor en el Valle


Hoy quiero hablar del valle que rodea al manzano.

Es tan verde, tan bello que te quita la respiración.

Sus colores, sus olores, sus rumores de fuentes y riachuelos, pequeños ellos, que te dicen con timidez, "estoy aquí, escúchame y moja tu mano en mis aguas escasas y claras".

Y yo lo hago y ellas se ponen contentas y siguen su cauce rumoroso, casi en silencio.

Los cruzo por puentecillos artesanales de troncos recién cortados por manos fuertes y bellas, hechos con amor y arte sano.                                                                                                            
                                                           
                                                                Y sigo caminando por ese bosque encantado, rozando el tronco de los árboles, de esos árboles plantados, criados y mimados también por manos hechiceras, y allí van creciendo y multiplicándose felices.




Caballos, vacas, ovejas, felices también con su verde alimento rodeándoles y yo, "carne de cañón de ciudad", disfrutando como una loca ante esa naturaleza pura y dando gracias por mis ojos y sentidos que me permitían valorarlo para recordarlo siempre. Y de repente algo inesperado y maravilloso que yo no había contemplado nunca. Surgió, de no sabemos dónde y volando muy bajo, por encima de nuestras cabezas, una pareja de águilas reales, planeando con sus enormes alas desplegadas. Una de ellas iba más alto pero la otra nos dejó alucinados y enseguida se perdió en el horizonte. En estos valles pirenaicos siempre te aguardan sorpresas que no te esperas.



Y luego está la casa, sencilla, hermosa y acogedora como sus moradores. Rodeada de plantas y flores de todos los colores, un vergel, un paraíso perdido en el Pirineo.                                
                                                                                                             He caminado, palo en mano, hasta las colinas desde donde se divisa el precioso pueblo, acompañada de dos guapos donceles que me daban la mano cuando la cosa se ponía difícil.

Y así llegamos a la entrada del bosque umbrío donde se encuentra el manantial, vivo y cantarino, abrigado por viejos árboles que se abrazan unos a otros y sus raíces salen a respirar y se enroscan alrededor de los troncos y muchas hayas pequeñitas que unas pequeñas manos plantaron en pequeñas macetas para que yo me las trajera a Madrid y aquí están, en la ventana y deben encontrarse bien y cómodas porque han crecido dos hojitas minúsculas. Y junto a las hayas un arce alto y presumido que mira a sus compañeros con un poco de superioridad. Llegó con hojas rosadas y ya está verdeando. Tres trocitos del paraíso creciendo en la ciudad.                                                                                                                                                                            

23F 1981.


Sigo con mis Memorias que tengo abandonadas hace varias semanas.

Todos recordamos dónde nos cogió y sorprendió ese día. Nosotros seguíamos viviendo en la playa cercana a Valencia y en la tarde noche de esa inolvidable jornada empezaron a llegar clientes y amigos hablándonos nerviosos y preocupados de lo que estaba ocurriendo en Madrid en el Congreso de los Diputados y diciéndonos que cerrásemos el restaurante y nos fuésemos a casa con los niños.

Recogimos un poco y cuando estábamos a punto de marcharnos ocurrió algo curioso. Un matrimonio, clientes asiduos y con los que teníamos una buena amistad, nos dicen que "tranquilos", que lo que estaba pasando era bueno para España y para todos nosotros, que volvería el régimen anterior y que el orden se volvería a establecer en nuestro país.

Gerardo y yo estábamos un poco alucinados pero les escuchábamos con respeto y para informarnos porque eran unos momentos caóticos.

Resulta que esta pareja, ya mayor, eran vascos y de muy buena posición que se habían retirado a esa playa porque en el País Vasco no se sentían seguros, (era la terrible época en que la ETA mataba y extorsionaba), total que nos dicen que Milán del Bosch había sacado los tanques por las calles de Valencia y que pronto estaría todo solucionado.

Y allí nos tienes a los cuatro !!brindando!! con una botella del mejor cava que nos pidieron. Tratamos de librarnos de ellos lo antes posible, los empleados ya se habían ido, cerramos y nos fuimos a casa con los niños. Estábamos deseando poner la radio y la tele para saber realmente lo que estaba ocurriendo.

Gerardo y yo no dormimos en toda la noche, bueno hasta que se dio por abortado el golpe de estado y escuchamos a Juan Carlos. Todo en directo, todo en vivo, no olvidaré esa noche nunca.


Fue una época muy convulsa en la política. Hicieron abdicar a Adolfo Suárez al que substituyó Leopoldo Calvo Sotelo y en las elecciones generales de 1.982 ganó por mayoría absoluta Felipe González al frente del PSOE y se mantuvo durante tres legislaturas.

Yo me alegré mucho porque era mi candidato y mi partido, el de mi padre de toda la vida, del que fue militante desde muy jovencito. Mi alegría era también para él, que murió en la época franquista.

De aquel cambio hacia la izquierda en España, salieron muchas cosas nuevas y buenas socialmente, la Sanidad Pública Universal, la gran mejoría en la Enseñanza Pública, el Estado del Bienestar, etc., etc.

                                                                            continuará...