viernes, 9 de diciembre de 2016

La Puerta Estrecha


Una experiencia nueva y gratificante descubrir este teatro-centro cultural, que alterna ambas actividades.

Las obras de teatro se programan solo en fin de semana y el pasado domingo disfruté nada menos que de "La Tempestad" de Shakespeare. La vi hace años con Carol, en inglés, con The Royal Shakespeare Company, creo recordar que en el Español.

Pero esto de La Puerta Estrecha es otra historia que he vivido con asombro y admiración hacia los actores y creadores de este lugar único, una vieja casa de la calle del Amparo, junto a la Ronda de Valencia y muy cerca de Embajadores.

Tienen varios pisos antiguos del bajo, unidos en diferentes zonas, incluído el patio de vecinos y también parte del primer piso. El aforo es muy limitado, 30-35 personas que vamos pasando a distintos espacios según la escena que se esté desarrollando en la obra.

Yo no salía de mi asombro, todo te llama la atención desde su comienzo en una sala grande con baúles y sillas alrededor de las paredes, donde nos vamos sentando los espectadores que, pasada la primera escena, los mismos actores nos invitan con gestos a levantarnos y que les sigamos.

El siguiente espacio es un patio de vecinos con el suelo aún mojado por la lluvia de la mañana. Todos nos situamos de pie alrededor de los actores y tus ojos, al igual que en la sala anterior, recorren el entorno que te
rodea, con esas luces estratégicas aquí y allá, detalles por las paredes y ventanas por las que de pronto aparece y desaparece el "espíritu Ariel", con su voz y aspecto histriónico, (yo sé de un sobrino mío que hubiera bordado este papel). Gran actor, José Goncalo Pais.

En el centro del patio la balsa que llega a la isla y en la que está desmayado Fernando, el gran amor que descubre Miranda, la hija de Próspero, el Gran Duque de Milán. Por cierto este papel lo interpreta de maravilla una gran actriz, Eva Varela Lasheras, con esa voz grave y profunda que llena todos los espacios.

Lo tienen muy bien estudiado y preparado para que al pasar de un lugar a otro te sientes, si anteriormente has estado de pie. Y así se van sucediendo esos diversos y mágicos lugares con paredes enteladas, cortinajes de vivos colores y te vas encontrando con diferentes actores y situaciones, siempre fieles al texto de la obra, aunque con pinceladas puntuales de la actualidad que nos hacían reír a todos.

Tienes la sensación de formar parte del atrezzo y cambio de decorados, es vivir el teatro puro y creativo muy de cerca.

En la sala grande donde se desarrolla la escena final, una fiesta de reencuentro entre los personajes, suena una música antigua y de pronto irrumpe la moderna y nos invitan a levantarnos y bailar con ellos. Fue muy divertido bailar con los actores y estar dentro de la escena por unos minutos. Además el buen rollo de ser pocos los espectadores hace que nos conozcamos mutuamente a través de las dos horas que dura la obra.

Creo que es una de las pocas de Shakespeare en la que nadie muere y terminan todos felices y contentos.


              El Teatro, "la esencia de la que están hechos los sueños"




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