Episodio novelesco-peliculero de los últimos tres meses y ahora finiquitado por los acontecimientos acaecidos hace unos días.
Una historia personal a través de las redes sociales y con aviso a navegantes.
Todo comenzó cuando un atractivo otoñal francés solicitó mi amistad en Facebook. Casi todos los días recibo alguna solicitud de desconocidos que han leído mis comentarios y les interesa intercambiar opiniones.
Siempre los rechazo porque tendría que dedicar mucho tiempo a estos menesteres y no me apetece, pero por primera vez acepté, (confieso que lo hice cuando vi su foto de perfil y pensé: "qué tío más guapo", pelo gris, ojos azul intenso, en fin, que este desconocido sí me apetecía.
Y ahí comenzó esta aventura digital con chats diarios por las tardes. Fue agradable y divertido mientras duró, aunque él no hablaba español, ni yo francés y las conversaciones transcurrían a través de la mala traducción de Google.
Él había visto mis fotos en Facebook y empezó a utilizar un lenguaje amoroso-platónico que yo encontraba irreal y un poco ridículo porque tenía edad para ser su madre. Se lo decía una y otra vez pero me respondía "que el amor no tiene edad, etc., etc.", me escribía poesías que, al ser traducidas, parecían escritas por Tarzán y yo me moría de risa.
Pero llegó a ponerse tan pesado que le dije que si no cambiaba el tema y chateábamos exclusivamente como amigos, yo cortaba las tardes de chats- epistolares con él.
Me pidió perdón y me dijo que no quería perder mi amistad y que a partir de ese momento lo haría así.
Me contaba la "triste historia" de su vida que yo me creía en parte, aunque era tan trágica y exagerada que a veces me asaltaban dudas sobre su veracidad.
Que era viudo y tenía un hijo pequeño porque se casó muy mayor con una mujer más joven que resulta se había matado en un accidente de coche. Que estaba muy solo porque no tenía más familia y bla, bla, bla.
Lo pasábamos bien hablando de cocina francesa y española, aficiones comunes, contándonos cómo había sido nuestro día, en fin, todo entretenido y normal.
Me pidió que organizásemos nuestras cuentas de Skype para poder hablar en inglés y vernos en la pantalla.
Así lo hicimos, pero antes de conectarnos me dijo que el notario de su padre, que vivía y había fallecido en Costa de Marfil, le llamaba para arreglar los asuntos de herencia y que iba a viajar allí con el niño porque no quería dejarle al cuidado de nadie.
Seguimos comunicándonos por el chat de facebook y un día quedamos en conectarnos a skype, pero "resulta" que ellos me podían ver y escuchar a mí y yo a ellos no porque "estaba estropeado el sonido y la imagen por culpa de la cámara".
Llegué a ver al niño en una imagen totalmente distorsionada, pero con la carita pegada a la pantalla, enseñándome pequeños juguetes y lanzándome besos a los que yo respondía. Del amigo francés también veía como sombras, parecidas a las fotos que tenía de su perfil.
Me resultaba extraño que después de haber estado tantas veces hablando de vernos y escucharnos por skype, cuando por fin concretamos un día y hora para conectarnos, la imagen y sonido de su portátil estaba estropeado pero solo a medias, como si él estuviera ocultando en parte sus identidades y voces. Yo no tengo ni idea, pero quizás existan artimañas para hacer ese tipo de cosas.
Me comentó que ya lo arreglaría y volveríamos a conectarnos más adelante o cuando regresara a Francia.
A los dos o tres días me comunica que el niño había caído enfermo y que lo había ingresado en una buena clínica de aquella ciudad, que estaba muy preocupado porque el doctor le había diagnosticado algo bastante grave y serio, fiebres tifoideas, y que ya me iría informando de cómo iba todo.
Así lo hizo en varios chats, pero no tuve noticias durante un par de días y me preocupaba el estado del niño. El amigo francés tenía un guión bien preparado y los tiempos también.
Por fin, y cuando él ya había leído varios mensajes míos en los que le comentaba mi preocupación, me manda un largo chat lanzando una llamada urgente de AYUDA diciéndome que había utilizado mucho su tarjeta de crédito para todos los grandes gastos de la clínica, que le daba negativo y que YO era la única persona que podía ayudarle económicamente.
En ese momento comprendí y vi claro todo el proceso de casi tres meses de camelo en los que se curró un guión completo para llegar al "clímax de compasión y preocupación" de su posible víctima del timo y de la también posible reacción inmediata para pedirle un número de cuenta y enviarle X cantidad de euros.
No detallo lo que le contesté y llamé, pero fue de todo menos guapo. El franchute escribió enseguida largas peroratas diciéndome que cómo podía pensar algo así de él, que jamás utilizaría a su niño para argumentar un engaño, que todo lo que me había contado era verdad, etc., etc.
Ni siquiera le contesté. He bloqueado todos los contactos que tenía conmigo y ¡¡SE FINI!!
Seguramente lo habrá intentado más de una vez con señoras mayores y quién sabe si alguna más inocente e ingenua que yo, haya podido caer en el timo.
Posiblemente ni siquiera había salido de Francia, ni se encontraba en Costa de Márfil, pero era necesario en su guión para que los problemas fueran más creíbles y posibles.
Me da pena ese niño, sea hijo suyo o de un amigo, al que ha utilizado y puesto delante de una pantalla distorsionada, calculado para tocar la fibra sensible de la presunta víctima de timo.
Estas redes sociales cuántas sorpresas te deparan!!!