domingo, 10 de enero de 2016
Pasaron las Navidades...
...y todo vuelve a la normalidad y a lo cotidiano, que se echaba de menos.
Han sido unas fiestas bonitas y tranquilas, pero con excesos en ricas comidas, cenas y dulces que luego le pasa factura a tu viejo aparato digestivo y tienes que depurarlo con alimentos ligeros y más sanos. También música, regalos...y momentos especiales que también hemos compartido con familia que vive fuera de España.
Estas fiestas me traen siempre recuerdos de la infancia y el pasado. Recuerdos sencillos y queridos, celebrando esos días con los papás y hermanas, pero de una forma y con un significado distinto a los tiempos actuales.
Todo era absolutamente extraordinario, los alimentos especiales que no se consumían durante el año, ese sorbito de Codorniu después de las uvas y de las campanadas a través de la radio, los villancicos cantados a coro mientras que papá hacía sonar el almirez de bronce o el chocar de una cuchara sobre el cristal de la botella de Anís del Mono, esos Reyes que traían regalitos prácticos como cuadernos, lápices y gomas de borrar para el cole. También dejábamos los tres pares de zapatos cerca de la ventana de la cocina antes de acostarnos y por la mañana siempre teníamos la sorpresa de encontrar en su interior algunos caramelos y pesetillas, aquellas monedas llamadas "rubias".
Yo, como era la peque, también me traían UN JUGUETE. Recuerdo una cocinita y algún cacharrito de metal, otra vez una muñeca muy simple y sencilla, pero que me hizo muy feliz y mamá le hacía algún vestidito de trozos de tela que había en la casa. También tuve un diávolo y un peón. Los dos los manejaba de maravilla.
Ah!, y en otra ocasión recuerdo una muñeca, pero esta de trapo y muy curiosa porque un lado de la cara era blanca y el otro negra. Un detalle bonito y didáctico.
De todo eso han transcurrido más de 70 años. Cómo pasa el tiempo y la vida que, con sus pros y sus contras, es bella y merece la pena vivirla y valorarla cada día.
Ayer, como colofón a las fiestas, fue un sábado muy bonito y completo de la mañana a la noche.
A mediodía comí estupendamente con mis primos de Cantabria en un mejicano en San Sebastián de los Reyes donde ellos viven. Después me trajeron a casa en el coche y al final volví a salir porque había plan de cine para ver una magnífica película en versión original, "Sufragistas", con Carol y su amiga Francisca. En el cine nos encontramos a otra amiga de ellas que se unió al grupo y al salir fuimos caminando hacia La Latina y entramos a tomar algo en un café con un precioso nombre: "EL ARREBATADOR DE BESOS".
Pasamos un par de horas estupendas y muy divertidas. Nos reímos mucho, que es muy sano y éramos la mesa que sumábamos más años, pero la más animada y alborotadora de todo el café.
Los camareros, todos majísimos y con camisetas negras y el nombre del café escrito en blanco. Yo pregunté a uno de ellos, Jamal, que si podía comprar una de esas camisetas y me dijo que fuese la semana próxima que me tendría una reservada y que sería un regalo.
En una de las paredes hay escrita esta frase:
"No sabía qué ponerme...
y me puse feliz."
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