Los amigos de Valencia nos invitaron a pasar un fin de semana para conocer el lugar, (Playa Puebla de Farnals), y el restaurante.
La verdad es que todo era precioso y el restaurante estaba en primera línea de playa y paseo marítimo. El local, montado de arriba a abajo y la cocina era enorme y no le faltaba un detalle, en fin, que nos volvimos a Madrid con la decisión ya tomada.
También nos interesamos y visitamos los colegios e instituto para Gerry y Carol. Estaban un poco retirados pero había autobuses con ruta diaria.
Y comenzamos con las gestiones de poner a la venta el duplex y también el taxi. Este se vendió enseguida, pero el piso no era tan fácil y al final tuvimos que hacer la mudanza dejándolo en manos de la inmobiliaria y acomodarnos en un apartamento de alquiler muy cerca del restaurante.
Los niños habían terminado el curso en el colegio del Parque Estoril y era el mejor momento para el traslado porque tenían todo el verano por delante para irse haciendo al nuevo, (de nuevo), lugar de residencia, amigos y forma de vida. También lo era para nosotros y comenzar el negocio en la mejor época del año, lleno de veraneantes y con el local a tope todos los días. Sin embargo el resto del año solo se trabajaba bien los fines de semana porque venía mucha gente de Valencia que tenían apartamento en la playa y los días de diario había pocos clientes, en fin, para ir tirando porque el personal había que mantenerlo: cocinero, ayudante y dos camareros.
De nuevo despedirnos de la familia aunque esta vez nos íbamos cerca y podíamos vernos de vez en cuando y hablar mucho por teléfono. Ese mismo verano vinieron mamá y Loli con su nieto Dani a pasar unos días con nosotros en esa bonita playa y cuando se fueron ellos llegaron de Sevilla Carmina, Elías y los niños y fue una alegría para los cuatro primos reunirse de nuevo y para los papás también.
Durante unos meses estuvimos en un apartamento alquilado, muy majo y con piscina, donde Carol y Gery hicieron un grupo de amigos y se lo pasaban muy bien porque además estaban de vacaciones y no
comenzaban en los nuevos colegios hasta septiembre.
El trabajo en el restaurante iba bien. Nos quedamos con el personal que tenía el amigo que nos lo traspasó y eran buena gente. Estuvieron tres años con nosotros.
El duplex se vendió y nos metimos en la compra de un precioso chalet enfrente del restaurante. También nos vendió el amigo de Australia el bote fueraborda que tenía y a muy buen precio, así que
el día que cerrábamos y siempre que había un rato libre, lo disfrutábamos pescando o dando un paseo por el mar, bueno más bien lo disfrutaban Gerardo y los niños porque yo me mareaba si estaba picado, en fin, que todo era bastante positivo y fueron tres años buenos aunque no tanto como para dejar de pensar en volver a Madrid.
continuará...




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